miércoles, 18 de abril de 2018

Macbeth. Jo Nesbo


     "Una gota de lluvia brillante cayó del cielo y fue descendiendo a través de la oscuridad hacia las luces temblorosas de la sucia ciudad portuaria. Las ráfagas heladas de viento del noreste la arrastraron hacia el lecho del río seco, que atravesaba la ciudad longitudinalmente, y la vía del ferrocarril clausurada, que la cruzaba en diagonal. Los cuatro cuadrantes en que se dividía la ciudad estaban numerados siguiendo el sentido de las agujas del reloj, y más allá de eso no tenían nombre. O, en cualquier caso, nadie lo recordaba. Si te encontrabas con alguno de sus ciudadanos muy lejos de allí, sin duda afirmaría que no se acordaba de cómo se llamaba su ciudad de origen".

     Ya he comentado en este espacio otros libros de The Hogarth Shakespeare y las versiones de distintas obras de Shakespeare que están viendo la luz. En este caso, tanto Macbeth, la obra original, como Nesbo, el escritor encargado de revisionarla, me gustaban particularmente. Es por esto que hoy traigo a mi estantería virtual, Macbeth.

     En la obra original Macbeth y Banquo son generales del rey Duncan de Escocia. A la vuelta de una campaña se topan con tres brujas que les hacen unas profecías en las que Macbeth será rey y Duncan engendrará reyes sin serlo. Macbeth observa que las profecías parecen cumplirse y, alimentado por su esposa, decide ayudar a que se cumpla aquella que le vaticinaba rey asesinando para ello a Duncan. Shakespeare desarrolla así una tragedia en la que la ambición de Macbeth y su esposa están servidas y parecen imparables.

     Con esta obra de partida, y siendo de las más conocidas de Shakespeare, la tarea de Nesbo era complicada. Una tragedia clásica no siempre es fácil de llevar a la actualidad, sobre todo si incluye profecías, vaticinios y brujas, pero Nesbo lo hace y además, se lleva la novela a su terreno.
Nos alejamos del castillo de Escocia hasta una ciudad en la época postindustrial en los años setenta. El autor no llega a decirnos en realidad en qué lugar estamos, pero tampoco es necesario para reconocer la decadencia de aquellas ciudades cuya floreciente industria se marchitó y la delincuencia y las drogas tomaron las calles. Ciudades convertidas en suburbios a tiempo completo en las que las sobras daban lugar a historias oscuras a plena luz del día. En este ambiente de putas y callejones, los políticos son corruptos y los policías dudosos. Excepto Duncan, un hombre recto que tiene como fin limpiar el ambiente local. Macbeth aparece como policía SWAT de duro pasado y protegido de Duncan y su Lady Macbeth particular dirige el mejor casino de la ciudad. Y las brujas, tan relevantes en la obra shakespiriana, estarán relacionadas con las drogas. Hecate fabrica una sustancia terrible a la que todo el mundo parece ser adicta y sus brujas serán quienes, en lugar de profetizar el ascenso de Macbeth, se lo aseguren si permite el tráfico libre de esta sustancia llamada brew. Las drogas, supongo que pensó Nesbo que le permitían abrir ese mundo para normal de sensaciones y visiones a veces despegadas de la realidad que aparecían en la obra original.

     Tenemos el personaje, el lugar, los papeles repartidos y la acción y a partir de ahí a veces Nesbo de despega un poco de la obra original. Es cierto que hay ambición y traiciones, pero Nesbo es un escritor de acción y eso es justamente lo que caracteriza a la novela, junto a la solidez de la trama y los personajes. De hecho es una novela que avanza sola, con un ritmo constante y escenas realmente espectaculares que se disfruta desde la primera página. Sin embargo, quizás los lectores más puristas de Shakespeare echen en falta esa tragedia interna del hombre arrasado por su propia ambición, e incluso protesten por algunos puntos en los que he sentido que el escritor ponía a prueba mi confianza en él. Sin problema, se supera la prueba a lo largo de esta novela en la que también la extensión es un signo diferencial, ya que si la comparamos con la original y lo habitual en Shakespeare, descubrimos por qué los personajes de Nesbo son sólidos: nos los explica. Y lo hace bien porque de este modo se asegura de estar en su terreno, ese que tan bien conoce y le ha llevado a ser un escritor superventas.

     Macbeth es, en este caso, uno novela negra al más puro estilo Nesbo, ya que el autor no ha temido llevarse la tragedia a su terreno para meternos en los bajos fondos, las drogas y la corrupción. A fin de cuentas, ¿qué mejor lugar para poner a prueba la moralidad del poder?

     Y vosotros, ¿os animáis con estas versiones?

     Gracias.

lunes, 16 de abril de 2018

No digas que fue un sueño. Terenci Moix


     "Y dijo la mujer:
     - Maldito sea Amor, que me asesina. Teñid de muerte el Nilo. Poned luto a las nubes. Convertid Egipto en un sepulcro".

     El placer de una relectura es, no solo recordar momentos, sino también descubrir otros nuevos. Hoy traigo a mi estantería virtual, No digas que fue un sueño.

     Todos conocemos ya a Marco Antonio y Cleopatra. No digas que fue un sueño es la historia de su historia de amor entremezclada con la historia de Egipto en un momento en el que todo puede cambiar para este esplendoroso imperio.

     Terenci Moix es un escritor que siempre me ha gustadio. No tenía miedo a dejarse llevar por los hilos de sus personajes y su obra siempre tenía un toque especial que  convertía cada libro en una experiencia lectora. no digas que fue un sueño se alzó con el Premio Planeta en 1986 y ahora la editorial ha decidido reeditarlo de una forma realmente hermosa.

     Sumergirse en la lectura de No digas que fue un sueño es una delicia lectora. Lo que en un primer momento puede resultar chocante, termina por ser un paseo delicioso por una de las historias de amor más conocidas del mundo. Y sí, digo que es chocante porque, desde la poesía con la que se abre el libro, de mis favoritas dicho sea de paso, Terenci Moix hace gala a lo largo de toda la novela de un cuidado léxico en el que cada palabra tiene el propósito, no solo de contar su historia, sino también de adornarla. Quizás por eso me ha gustado tanto esta edición conmemorativa, porque hay libros cuya historia es bonita, otros que se cuentan bonitos y unos terceros que son objetos bonitos: en este caso han conseguido reunir las tres cosas en un único título. Un título en el que Terenci describe, y nos obliga a vivir una época fantástica y a que sintamos todas las pasiones que encierra su obra: la primera de ellas, Egipto. Un Egipto fantástico y maravilloso que nos termina enamorando. Y es que estamos ante una novela de sentimientos.

     Terenci Moix nos presenta a sus personajes alejándolos de la nebulosa que han podido crear las películas que nos presentaban a Cleopatra como una suerte de diosa junto a aquellos hombres que la rodeaban. Nada que ver con los que nos vamos a encontrar aquí, personas de carne y hueso que se abren a lo largo de las páginas para que podamos observar sus virtudes y defectos, sus errores y sentimientos. Y la primera es Cleopatra, a quien vemos mujer, política, pasional, madre, visceral... y personaje magnífico que vive uno de esos amores junto a Marco Antonio que terminan rallando en la obsesión o, directamente, siéndolo. Marco Antonio me ha resultado especialmente interesante ya que le ha despojado de la coraza histórica habitual que relumbra ocultado todo lo que hay debajo, descubriéndome a un hombre bastante alejado del gran estratega que uno podía creer que es. Podría seguir hablando de Octavio y diseccionar cada uno de los personajes, pero no creo que sea este un libro en el que haya que hacerlo ya que la clara intención del autor es reivindicar la figura de Cleopatra. De hecho, tras esta segunda lectura no me cabe duda de que cada coma de este libro ha sido puesta en honor a ella, la reina, la amante: la MUJER.

     No digas que fue un sueño es una novela magnífica, la mejor del autor según mi criterio. Una historia de amor que va calando despacio en el lector, frase a frase, hasta conmoverlo.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 14 de abril de 2018

Gastronomía y literatura

The real cookbook. Fuente: korefe

     "En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor". 


     Ese es, casi con seguridad, el comienzo más famoso de la literatura española universal. Sin embargo, solo tenemos que leer la siguiente frase de El Quijote, para darnos cuenta de la importancia de la gastronomía en la literatura, y dice así:

     "Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda."

     Los duelos y quebrantos de Alonso Quijano no se hicieron tan famosos como el lugar de la Mancha, pero es cierto que la literatura ha venido siempre unida al disfrutar de una buena mesa. No tenemos más que pensar en Neruda, por ejemplo, y su oda a la cebolla, para comprobar que el estómago puede ser tan importante como el intelecto tanto para personajes, como para los propios escritores. Y es que, la historia de la literatura universal no sería lo mismo si no existiera, por poner un famoso ejemplo, la magdalena de Proust. De hecho, uno puede perfectamente no haber leído jamás una sola letra escrita por este hombre, pero difícilmente desconocerá la existencia de esa magdalena, una magdalena que puestos a elegir, yo mojaría en un buen té servido a la mesa de El Sombrerero Loco y acompañada por una tal Alicia.

      Cuando hablamos de libros y los relacionamos con la gastronomía, nuestra cabeza se va automáticamente a Como agua para chocolate de Laura Esquivel, y a las recetas de Tita que daban pie a cada uno de los capítulos de esta famosa novela, pero muchos otros son los ejemplos. Tenemos a Camilleri y Montalbano, por ejemplo, que me descubrieron una especie de croquetas de nombre arancini que fueron lo primero que quise degustar en mi primer viaje a tierras italianas. Otros personajes, como el Carvalho de  Montalbán, gustan de una buena mesa con tanto placer, que podría decirse que tienen una gastronomía propia existiendo incluso rutas por sus platos. Lo mismo le sucede a la señora Maigret, creada por Simenon, quien, si mal no recuerdo, tiene incluso un libro propio con las recetas que degustaba el famoso detective. Y ahora paremos un momento a tomar un poco de dulce limonada junto al protagonista de Sostiene Pereira, antes de continuar con el literario atracón de las grandes mesas literarias. Unas mesas que no siempre hablan de grandes cenas y festines como las que aparecen en los libros de Austen, sino que pasan por las pastas que tanto placer provocaban al ser mordidas por Miss Marple o por los mucho menos elegantes perritos calientes que aparecen en La conjura de los necios. Tras veces, como sucede en El coronel no tiene quien le escriba, los personajes terminan cociendo piedras, aunque por el camino hayan podido comer mazamorra de maíz, y en otros casos pueden parecer incluso obsesiva la forma en que se cocina, como sucede en algunos momentos de la literatura de Murakami con el hecho de cocinar pasta.

     Dice Isabel Allende que hay una sopa hecha con setas que se llama sopa de la reconciliación, ya que sirve en Afrodita para que las mujeres se reconcilien con sus hombres, y a uno de los mosqueteros de la famosa obra de Dumas, le pierde una buena sopa de mejillones. Conocido es también el menú favorito de Leopold Bloom en el Ulises de Joyce, hasta el punto de servirse en muchos pubs el día 16 de junio (Bloomsday). Todos conocemos las cocinas del hotel Overlook, ya que no siempre hace falta cocinar y degustar un plato para que la cocina sea importante en una obra. Y muchos descubrimos que para Chandler los americanos sienten un especial placer por los sandwiches de pan tostado si les sobresale un poco de lechuga lacia, ya que así nos lo hizo saber en su novela El largo adiós. La juventud de Coetzee tenía regusto a sopa de carne y verdura y, si de sopa se trata, solo tenemos que acompañarla con pasteles de perdiz para volver a un clásico literario como es Guerra y Paz. Y es que, incluso persiguiendo a Moby Dick hemos podido descubrir lo que es el chowder, así que no es tan raro que esta famosa novela diera pie al nombre de una de las cadenas de cafés más famosas (Starbucks).

     Total, que cuando leemos un libro, este puede además de gustarnos, deleitarnos, empacharnos o causarnos una buena indigestión. Y ahora, si me perdonáis, creo que voy a tomarme una buena cerveza de mantequilla de esas que descubrimos muchos gracias a Harry Potter, que una no tiene tanto hambre como los hobbits y me apetece beber algo antes de echarme una buena siesta. Y cuando digo algo de beber no me refiero a ese otro catálogo de bebidas que parecen tomar la mayor parte de los protagonistas de las novelas negras.

     Y vosotros, ¿os fijáis en las mesas literarias y lo que comen sus personajes?

     Gracias.

jueves, 12 de abril de 2018

Donde fuimos invencibles. María Oruña


     "A veces sentimos que el tiempo que tenemos, el que apretamos, no es el que hemos escogido. Todo gira sin nuestro permiso, y cada acto, cada gesto, se expande en una consecuencia infinita. Como cuando lanzas una piedra en un charco y compruebas que, aunque no quieras, dunas de agua se expanden hasta alcanzar la orilla. Acción, consecuencia: la historia más vieja del mundo".

     La gente que vive en grandes ciudades no suele caer en ello, pero los que vivimos en lugares más pequeños, disfrutamos cuando nos encontramos un libro ambientado en las calles por las que paseamos a diario. Por ese motivo comencé a leer la serie de libros de esta autora. Hoy traigo a mi estantería principal, Donde fuimos invencibles.

     Volvemos a Suances y volvemos a asomarnos a las vidas de Oliver y la teniente Valentina Redondo, que está esperando a que lleguen sus esperadas vacaciones. El Palacio del Amo es una conocida propiedad del lugar en la que ahora reside un escritor, heredero de la propiedad. Y ahora, su jardinero ha aparecido muerto en el jardín. Lo que inicialmente parece un paro cardíaco, dará pie a las confesiones del escritor sobre unas presencias extrañas en su casa. Valentina tendrá un nuevo caso entre manos.

     Si en la segunda entrega de esta serie María Oruña optó por un cambio respecto al primer título, Puerto Escondido, en esta ocasión ha vuelto a demostrar que es capaz de ello. Manteniedo a los personajes principales y también las gotas que nos va dejando de su historia personal, en esta ocasión deja un pequeño hueco a lo paranormal que sorprenderá a los lectores, incluso a los no aficionados al tema, ya que cuida mucho que la historia no pierda pie en la realidad ni credibilidad incluso a los ojos de los más escépticos que, a buen seguro, se reirán con los comentarios de uno de los personajes de la novela. En cuanto a la estructura, sigue optando por una doble voz diferenciada, siendo en esta ocasión la novela que escribe Carlos Green la historia que acompaña al lector junto al misterio por desvelar. Es, por lo tanto, un signo que poco a poco va convirtiéndose en "marca de la autora" en su obra.
     Destacar además que, si bien la historia personal de los protagonistas continúa su avance, este no impide en absoluto la lectura independiente para quienes decidan animarse con este título como primer acercamiento a Oruña y, en cuanto a la trama principal de la novela, es, como en los casos anteriores, autoconclusivo.Una trama en la que se entrelazan varios misterios que van intrigando a un lector que no podrá evitar notar ecos de grandes clásicos del género.

     Sabadelle, Rivero y Valentina regresan con una novela que arranca con calma, situando al lector, para ir poco a poco cogiendo ritmo hasta llegar a un final que cierra sin fisura alguna todos los misterios que había ido abriendo su autora a lo largo de este título. Cuando un escritor opta por tocar temas paranormales, es lógico que el lector sienta una cierta desconfianza sobre la resolución final del libro. Sin embargo, Oruña es capaz de llegar a un cierre natural que contente incluso a los lectores más quisquillosos, y eso es algo que valoro mucho más que los giros por los que optan otros escritores, que parecen preferir la espectacularidad a la credibilidad en sus obras.

     Donde fuimos invencibles es una novela que dura apenas un par de tardes, con la que su autora sigue apostando por el entretenimiento del lector. Con un ritmo más rápido que Un lugar a donde ir, estoy segura de que gustará mucho a todos los que pasaron por Puerto escondido y también, por qué no decirlo, a quienes aún no se han acercado a las letras de María Oruña.

     Comenzaba diciendo que hay un placer añadido en leer historia que discurren por nuestras calles. Y a vosotros, ¿no os pasa igual?

     Gracias.

lunes, 9 de abril de 2018

La vida secreta de las vacas. Rosamund Young


     "Jack confiaba en nosotros. Nunca le habíamos fallado ni le habíamos causado ninguna preocupación y era un animal feliz, que hablaba regularmente con su madre y sus hermanas, que ya eran tres".

     Si tuviera que explicar por qué me he comprado y leído un libro sobre vacas, me costaría más justificar la primera parte que la segunda. Digamos que, a base de verlo me sentí intrigada. Hoy traigo a mi estantería virtual, La vida secreta de las vacas.

     En este momento tendría que decir eso de... conocemos a las vacas de Rosamund Young, porque es justo de lo que trata el libro. De hecho, la autora nos deja un árbol genealógico en las primeras páginas para que nos orientemos con las huéspedes de su granja. Porque Young no es escritora, aunque escriba libros, es granjera. Y en este libro nos cuenta lo que hacen sus animales y las relaciones entre ellos exactamente igual que otros escritores tratan en sus libros las relaciones entre las personas que los protagonizan.

     La mayoría de los libros tienen dos historias: la que cuentan y la que viven hasta llegar a las librerías. En este caso, Young escribió este libro hace más de 15 años impulsada por una idea peregrina de un periodista. Intentó publicarlo sin demasiado entusiasmo y el libro acabó en una editorial mínima y sin repercusión. Sin embargo, de algún modo llegó a manos de Alan Bennett (autor por ejemplo de Una lectora nada común) y así lo comenta en sus diarios. A partir de ahí el libro vive una segunda vida en una editorial mucho mayor y el propio Bennett acaba siendo el prologuista de esta nueva oportunidad para la historia de Young.

     El antropomorfismo está de moda en la literatura. Los libros sobre perros, gatos... los libros narrados incluso por ellos parecen haber irrumpido con fuerza en las librerías. Y a nadie parece extrañarle. Todos conocemos a personas que tienen una mascota doméstica, incluso puede que nosotros mismos. Y seguramente nos hemos encontrado como a ese perro o gato se le habla y como se cuentan sus anécdotas refiriéndose a él por el nombre que se le puso. Y eso es justo lo que hace Rosamund Young en La vida secreta de las vacas. Young humaniza a sus animales a los que se refiere por el nombre y de los que nos relata sus anécdotas. En las primeras páginas el lector se encuentra sorprendido al leer sobre vacas que se miran y se hablan y tienen además sentimientos propios de las personas, sin embargo, a medida que avanzamos, se nos olvida que estamos hablando de un animal con fama de tonto y bonachón y comenzamos a distinguir a unas de otras, ya que, si la autora apuesta por la individualización de los animales, lo consigue incluso en su novela al hacer que el lector sepa qué vaca es cada cual solo con ver su nombre impreso.

      Así veremos que las vacas son animales cariñosos capaces de comunicarse con gestos y miradas, sabremos que los perfumes no les gustan demasiado y que algunas son capaces de aprender a subir escalones con tal de no mancharse de barro. Conoceremos de su carácter y enfados y el amor que sienten por sus crías y también de su ira y rencor. En todo caso descubriremos que no son tan tontas y además, si con su inteligencia les sirve para ser una vaca, ¿para qué necesitan más? Todo esto es lo que nos relata la autora anécdota tras anécdota en un libro en el que también tienen cabida otros inquilinos de la granja de Young. Unos animales cuyas relaciones no siempre están ordenadas por especies y una granja que se presenta con una visión positivista y de buen rollo que acaba por contagiar al lector. Hay que decir que, como bien señala Bennett en el prólogo, Young no trata todos los temas. La ira no se ve demasiado reflejada y aún menos la primera parte de la reproducción ya que, si bien conocemos los partos y a las crías, no se nos desvela el proceso de acercamiento y aún menos el de consumación dejándonos, efectivamente, con las ganas de saber si las vacas se enamoran o son coquetas.
     Llegados a este punto puede parecer que el libro es un alegato que busca que la gente no coma carne, y nada más lejos de ello (aunque el sacrificio de las vacas tampoco ocupa demasiada tinta), si que critica determinadas prácticas, por ejemplo la estabulación confinada, pero más que un libro reivindicativo o científico es un libro de recreo, una curiosidad que hará que muchos lectores se queden mirando un momento a la próxima vaca que vean pastando en el campo.

     Reconozco que me lo he pasado bien leyendo La vida secreta de las vacas, ha sido refrescante, diferente e incluso divertida. Uno de esos libros a los que se llega casi por casualidad.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 4 de abril de 2018

Las ocho montañas. Paolo Cognetti


     "Mi padre tenía una manera propia de ir a la montaña. Poco proclive a la meditación, pura testarudez y arrogancia. Subía sin dosificar las fuerzas, compitiendo siempre con alguien o con algo y, allí donde el sendero le parecía largo, cortaba camino por la línea de más pendiente. Con él estaba prohibido parar, quejarse por el hambre, por el cansancio o por el frío, pero se podía cantar una bonita canción, sobre todo bajo un temporal o en la nieve espesa. Y lanzar alaridos dejándose caer por la nieve".

     Es curioso como últimamente parecen acercárseme libros ambientados en montañas. Y yo me dejo, siempre he creído que las lecturas te eligen y que la cosa va por rachas, así que estoy disfrutando de las alturas, la soledad y los riscos en parajes que, con suerte, algún día podre conocer. Hoy traigo a mi estantería virtual, Las ocho montañas.

     Conocemos a Pietro, un chico de ciudad que veranea en los Alpes italianos. Allí comienza su amistad con Bruno, un chico de la zona, pastor, cuya vida se limita a las montañas. Pietro y Bruno se hacen amigos, se convierten en refugio uno del otro, pero la vida sigue y sus caminos se separan. Con el paso de los años se reencuentran ya adultos y viven la herencia de Bruno, que no es otra que la pasión por las montañas, legado de su padre.

     Uno se acerca a un libro con este título con cierta precaución, no sabe cuánto va a tener de naturaleza, de alpinismo, de historia. Siempre se corre el riesgo de que la pasión del autor por las montañas y la naturaleza conviertan una novela en una suerte de documental paseo a paseo, senda a senda. En este caso no es así, Cognetti tiene bien claro lo que quiere contar en su novela y, quizás por eso, da la voz a uno de sus protagonistas, Pietro.
Dividido en dos partes diferenciadas, distinguimos primero a Pietro y Bruno como jóvenes introvertidos, solitarios incluso, que se van acercando poco a poco gracias a ese incomparable paisaje y comienzan una sólida amistad entre ambos. Qué mejor lugar que la naturaleza silenciosa y misteriosa para compartir ese momento solitario, para dejarse llevar por la verdadera amistad, porque de eso trata justamente esta parte de la historia: de la amistad.
En una segunda parte, y con el padre de Pietro ya fallecido, Pietro se ha ido a la ciudad, era un chico casi de ciudad y se ha forjado un camino, sin embargo y tal vez por irse, la montaña tiene un significado para él, la pasión que su padre sentía por la montaña alcanza un significado aún mayor. Bruno se ha quedado y ahora la mirada de ambos es diferente, es la de un adulto que observa los cambios y compara. Pietro hereda una cabaña que es refugio, una pasión que es montaña.

     Cognetti ha escrito una pequeña maravilla. Y con esa frase se hace el mejor resumen de la novela. Una novela que viene marcada por los silencios llenos de palabras que no hacen falta ser pronunciadas. El silencio majestuoso de unas montañas que se exploran, lugares descubiertos y refugios reales que se construyen a la sombra de otros formados por personas. Es también una novela llena de nostalgia: la de los padres de Pietro a su pasado, al lugar en el que se conocieron, la de Pietro por las montañas y también por ese pasado que es su legado y que poco a poco se despierta, verano tras verano, ampolla tras ampolla. Curiosamente, poco le importa a Cognetti lo que hace su protagonista y narrador en la ciudad, y a nosotros tampoco más allá de sensación de tristeza que nos transmite en las primeras páginas, una tristeza que no es suya, es de su padre por haberse alejado de ellas. La lectura destila además amor por la naturaleza, una pasión que se contagia al lector que no puede evitar querer estar allí, pero lo hace de tal forma que queremos estar allí  en la naturaleza y no como ahora que todo ha cambiado y estos lugares maravillosos parecen convertirse a ratos en parques temáticos de turistas (recuerdo también esta reflexión apenada en La sustancia del mal de Luca DÁndrea).

     A veces no hace falta un misterio o un crimen para que el lector se quede pegado a las páginas de un libro y este es un claro ejemplo. Miles de lectores han salido enamorados de esta historia de crecimiento, de descubrimientos y de vida protagonizada por dos jóvenes dispares que se encuentran. Posiblemente mucha culpa la tenga el tono utilizado por el autor, que es cercano y amable, dando la sensación de honesto hasta el punto que, conociendo la vida de Cognetti, uno no puede evitar preguntarse cuánto de Pietro hay en él.Así llena su novela de frases que son casi consejos dejados aquí y allá para que los recojan los lectores, unos lectores que salen de esta novela agradecidos por  ellos sin saberlos, enamorados de las montañas Dolomitas, y de la historia de Pietro y Bruno. Aunque sean un tanto huraños a ratos.

      Hoy os recomiendo que hagáis una ruta por la vida a través de la novela Las ocho montañas. Es una lectura que merece la pena.

     Y nosotros, ¿también habéis notado que pasáis por rachas temáticas en vuestras lecturas?

     Gracias.

martes, 3 de abril de 2018

Un extraño en casa. Shari Lapena


     "No debería estar aquí.
     Sale corriendo por la puerta trasera del restaurante abandonado y avanza a trompicones en la oscuridad -la mayoría de las farolas están quemadas o rotas- con  la respiración entrecortada en ásperos jadeos. Corre como un animal aterrorizado hacia el lugar donde ha aparcado, apenas consciente de lo que hace."

      Soy de dar segundas oportunidades. Si un libro no me gusta pero me siento sola en mi disgusto general, tiendo a volver a las letras pensando que tal vez fue el momento o el tema. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Un extraño en casa.

     Conocemos a Tom cuando llega a casa por la noche después del trabajo. Es un hombre enamorado que llega con ganas de cenar con su esposa, Karen. Sin embargo ella no está, la puerta está sin cerrar y ni siquiera ha llevado el teléfono con ella. Sus nervios aumentan y termina por llamar al 911 cuando la policía llama a su puerta para comunicarle que una mujer, que puede ser Karen, ha sufrido un accidente y está en el hospital. Descubrimos a Karen con amnesia, esperando recordar lo que ha sucedido esa noche, mientras la policía investiga un cadáver aparecido cerca del lugar en el que ella tuvo el accidente.

     Tuve problemas con este libro desde las primeras páginas. Que la esposa de Tom se fuera y resultara la accidentada se veía venir... y a partir de ahí toda la trama de este libro se ve con la misma claridad.Supongo que la autora busca entretener y poco más, pero cuando los personajes son bidimensionales y carentes de cualquier tipo de emoción real, y la trama no es sorprendente ni novedosa y ni siquiera se profundiza en los pequeños momentos... el entretenimiento se convierte en una lectura tibia de la que se sale con más pena que gloria.
Dar una opinión negativa es complicado, ya que se suele pedir un razonamiento mucho más extenso y meticuloso, pero hasta en eso nos lo pone fácil: la amnésica protagonista se convierte en uno de esos personajes poco fiables que tan de moda se han puesto últimamente, sin embargo, su supuesta angustia por no recordar lo sucedido la noche del accidente se volatiliza cuando vemos que lo que no recuerda si recordaba en parte y que la autora es incapaz de gestionar el punto de secretismo necesario en una protagonista de estas características. En cuanto al resto de personajes son todos clichés de tinta que van desde el marido atontado que duda de todo y vive un infierno de dudas solo porque te lo dice el policía avispado, cuyo mayor logro pasa por mirar con unos ojos penetrantes que hacen ver a quien habla con él que se da cuenta de todo. Un lince, vaya, pero que tampoco transmite, porque no le llegamos a conocer, ni remata, y la cosa se queda en una investigación peregrina que da bandazos para situarse en una línea final un tanto apresurada. Y luego está la vecina, mi favorita, histriónica por los cuatro costados, imposible de creer o de siquiera tolerar. Como comprenderéis, con estos personajes y sus emociones de papel, es muy difícil que la trama despierte interés. Si a eso le unimos que, incluso para quienes se dejen sorprender por el giro final, les resultará manido y poco original, la segunda novela de Shari Lapena es una historia fallida en todos los sentidos.

     Los diálogos son simplones y las descripciones prácticamente inexistentes, así que, si tengo que buscar algo positivo para decir de esta novela, lo tengo complicado. Aunque, ahora que caigo, si que hubo una cosa que me sorprendió de la novela: ¡resulta que se desarrollaba en Nueva York! Y creedme, no lo digo como una sorpresa precisamente positiva.

     En definitiva, Un extraño en casa no ha mejorado mi percepción de la autora respecto a su primera novela. Quizás para la piscina.... pero solo quizás.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.