miércoles, 13 de diciembre de 2017

El nombre del mundo. Denis Johnson


     "Yo tenía casi cincuenta años cuando se presentó la oportunidad. Al terminar mis estudios, enseñé en un colegio secundario más de una década, sumando puntos de posgraduado para mi currículo durante los veranos. Un día le escribí una carta a un candidato presidencial, aconsejándole sobre políticas y estrategias (se trataba del senador Thomas Thom, de Oklahoma; sus posibilidades se esfumaron a poco de empezar las elecciones primarias), y aunque yo no tenía idea de que a las personas que escribían semejantes cartas se les prestaba atención e incluso se les ofrecía un trabajo, en un abrir y cerrar de ojos pasé de ser míster Reed, el encargado de estudios sociales, a convertirme en Mike Reed, el escritor de discursos, el hombre todoterreno, el tipo al que podías confesarle lo que fuera en el guardarropas mientras buscabas tu abrigo."

     Denis Johnson no es uno de mis escritores favoritos y, siendo sincera, dudo que llegue a serlo. Sin embargo algo le veo a sus letras que continúo buscando sus libros como si supiera que en algún momento llegaré a tener la novela perfecta entre manos. Hoy traigo a mi estantería virtual, El nombre del mundo.

     Conocemos a Michael Reed. A lo largo de su vida ha sido profesor de secundaria y ha estado incluso al lado de un senador. Sin embargo, nosotros lo conocemos como profesor universitario adjunto sumido en la más profunda soledad. Su mujer y su hija fallecieron hace el tiempo suficiente como para que se le desdibujen sus rostros en la memoria. Le conocemos en un momento en el que su vida se convulsiona, motivado principalmente por la irrupción en ella de la violoncelista Flower, mucho más joven que él.

     Estamos ante un libro corto pero cargado de sentimientos, como ya nos tiene acostumbrados el autor. Esta vez el protagonista es un escritor y profesor que pasa de los cincuenta y vive en una suerte de stand by sin que nada le comprometa o importe mucho, desde la pérdida de su familia. Reed es un hombre al que le falta vida pese a tenerla en sus venas y eso hace que la sensación de soledad que transmite al lector sea, en algunos momentos, casi sobrecogedora. Le descubrimos roto y solitario y también, por qué no, errático, entrando y saliendo de relaciones sociales que no le exijan demasiado y conviviendo de la forma adecuada para ser uno más. Sin sobresalir. Igual que no lo hace, al menos en apariencia, la forma de contar la historia, que pasa por un tono contenido que a veces roza la indiferencia pero que esconde muchos matices que se van desatando a medida que avanzamos en la historia. Una historia en la que irrumpe la joven Flower, mezcla de mujer e hija quizás más lo que hubiera sido lo segundo con ecos de lo primero o tal vez todos los fantasmas de los seres que le faltan al protagonista, encarnados en un carácter que roza los límites y que le provocarán una desestabilidad, un terremoto mientras la narración de la historia parece permanecer inalterable. Esta mujer, de la que dije violoncelista se dedica a realizar un espectáculo sexual pseudopeligroso que dará pie al lector a pensar en el peligro que puede correr un hombre que se ha negado a la vida si se lanza a respirar el aire de esta fantasía hecha carne.

     El nombre del mundo podría parecer una novela sobre el duelo, la pérdida y el vació y desolación que dejan en quien lo sufre, pero avanza más allá de eso, por el difícil camino que se recorre una vez pasada la etapa más oscura. Tal vez por eso Johnson no puede evitar dejar un rastro de humor a lo largo de la novela, a la par que nos deja ver el filo del juego que no es tan inocente como una simple fantasía de encontrar una hija perdida. Y la capacidad que ha tenido de condensarlo todo en una novelita corta, de conseguir que el lector sienta como desciende a la soledad, la tortura, la asfixia y también la necesidad de respirar, son las cara´cterísticas más sobresalientes del libro. Un libro que, por lo demás, cumple con lo que uno espera de los libros de Johnson: un protagonista "normal" en un lugar inespecífico y la engañosa apariencia de estar ante una historia más. En los libros de Johnson siempre hay más.

     Me ha gustado El nombre del mundo, posiblemente uno de los libros del autor con los que me quedo.

     Las grandes novelas no han de tener muchas páginas, pero aún así, muchos evitan aquellas que consideran demasiado cortas. Decidme, ¿miráis con recelo los libros que son "demasiado cortos"?

     Gracias.


lunes, 11 de diciembre de 2017

La grandeza de la vida. Michael Kumpfmüller


     "El doctor llega a última hora de la tarde, un viernes de julio. El tramo final que recorre desde la estación en un automóvil descubierto no se acaba nunca, sigue haciendo mucho calor y está exhausto, pero ya ha llegado. Elli y los niños lo esperan en el vestíbulo. Apenas le da tiempo a dejar el equipaje y ya Felix y Gerti corren hacia él y le hablan sin cesar. Han estado en la playa desde por la mañana temprano, y les encantaría volver y enseñarle lo que han construido, un enorme castillo de arena, la playa está repleta de ellos."

     Kafka es un nombre que todos conocemos y un hombre del que, en cambio, la mayoría de la gente apenas sabe nada. Por eso me atrajo este libro y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La grandeza de la vida.

     Kafka tenía un trabajo en una compañía de seguros de Praga, pero lo dejó a la edad de 39 años debido a su tuberculosis. Para cuando esta novela empieza, ya tiene 40, han pasado 5 años desde la guerra y está en momento de relax a orillas del Báltico, cuidando de su salud y dando paseos. En sus paseos coincide con una joven y acaba conociendo a Dora. Ella ya se había fijado en él. Y así comienzan sus paseos. Dora fue el gran amor de Kafka, pese a su enfermedad, pese a la diferencia de edad y a que muriera un año después.

     Kafka fue un hombre tímido, callado, descontento. Y esto según sus propias palabras. Escribir una novela sobre una persona así y que además la realidad y la ficción comulguen en armonía es complicado. Y esa es la tarea en la que se embarca Kumpfmüller y lo logra con éxito. Principalmente, porque respeta ese rasgo primordial del carácter del famoso escritor. No se dedica a desnudar su alma, sino que nos deja ver al Kafka real, ese que permanece cerrado, celoso de su interior y parece que va pasando la vida mientras nos muestra en los detalles la importancia de sus sentimientos por esta joven mujer. Tras la guerra, hay muchos refugiados, principalmente judíos, se observa a todo el mundo y el antisemitismo es una realidad cada vez más palpable en las calles. Este es el Berlín al que Kafka va en busca de Dora. Allí se ven y, sobre todo, se escriben. aunque la Gestapo requisase su correspondencia con el tiempo y no se haya podido recuperar. Un Berlín en el que los precios se disparan y el alquiler sube mes a mes ahogando a las personas, y también la ciudad en la que Max visita al escritor una vez al mes.
Es también esta época esa en la que Kafka conoció a una niña en un parque. Niña triste porque perdió su muñeca y a la que el escritor consuela carta a carta, como si fuera la muñeca quien las escribe para contarle sus viajes y su próxima boda con un príncipe. Ahí vemos el interior de Kafka, en lo sutil, todo el libro es en realidad un acercamiento sutil a un hombre que, ciertamente, ha tenido amantes, pero que es reacio a dejarse conocer, a permitir que una mujer le penetre. Y descubrimos de este modo esa felicidad que parece pillarle por sorpresa y ante la que no sabe cómo reaccionar si es que lo hace. Y vemos a Dora, la mirada eterna de la mujer que lo acompaña.

     Es curioso que yo me haya empeñado en decir Kafka cada vez, cuando el autor lo evita de forma deliberada. Es Franz, o el doctor quien protagoniza esta novela. Una novela tierna que no tiene un ápice de sentimentalismo y que profundiza en la importancia de encontrar a quien te acompañe, que nos deja ver los últimos meses de un enfermo y en la que, a grandes ratos, parecemos vislumbrar un sentimiento de felicidad en un contexto político y social muy complejo. Y el autor logra un equilibrio entre todas sus partes.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

martes, 5 de diciembre de 2017

No digas nada. Brad Parks


     "Su primer movimiento contra nosotros fue tan minúsculo, una irregularidad tan infinitesimal en contraste con el atronador ruido de fondo de la vida, que no lo consideré significativo. 
     Adoptó la forma de un mensaje de texto procedente de mi esposa, Alison, y me llegó al móvil a las 15.28 de un miércoles."

     No se vosotros, pero yo en los días de frío, muchas veces no quiero más que un libro y una manta y no pensar mientras vuelan las horas. Y eso hace que a veces me busque una suerte de código bestseller para estar entretenida. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, No digas nada.

     Conocemos a los Samson, Scott y Alison. Una familia con éxito y tranquilidad económica, con una posición ya que Scott es juez federal, y con una pareja de gemelos, Sam y Emma. Hasta aquí parece que estamos ante una familia modelo, pero todo cambia cuando los hijos son secuestrados y utilizados para dictar al juez sus próximas sentencias, unidas siempre a la misma consigna: no digas nada a nadie o tus hijos morirán.

     El argumento no es demasiado original, pero sí efectivo, incluso cinematográfico, así que es fácil entrar en esta novela de suspense y dejarse arrastrar por sus páginas. a partir del secuestro, los padres optan por no ir a la policía mientras el juez ve como todos sus principios se ponen a prueba cuando se le dicta la primera sentencia y comienza a temerse el caso al que va destinado la segunda. Es entonces cuando Parks comienza a complicar la historia, sobre todo para los padres a quienes asedia de preocupaciones y les pone ante una constante: que nadie se entere. Lo hace además de tal forma que el lector se pondrá de parte de Scott, que es quien además nos va contando la historia, y al que veremos perder los nervios y llegar a sospechar de su propia sombra. Un segundo hilo nos dejará entrar en el lugar de confinamiento de los niños, de tal modo que poseeremos siempre más información que él, aunque es verdad que Parks se encargará de que eso cargue aún más la atmósfera para el lector. Y así entraremos en una corte con sentencias cuestionables, presiones por parte de los superiores de un juez, temores, investigaciones, secretos y mentiras que hacen de esta novela una lectura ágil que busca entretener al lector.

     La trama está más o menos bien conseguida, ya que tiene el ritmo adecuado como para que no nos paremos demasiado a pensar en los detalles, lo que importa es avanzar y descubrir quién ha sido el artífice del secuestro. Así que hasta aquí no tengo pegas. El problema para mi con esta novela está en su resolución. Tengo problemas con giros inesperados que no parten de ningún apoyo y más aún con las frases pseudosentimentaloides que algunos autores me intentan colocar sobre todo cuando hay niños de por medio. No me cabe duda que mucha gente sentirá cierta emoción con esta novela en varios momentos, pero en mi caso creo que esa parte sobraba.

     Es una pena que a veces una novela resultona o incluso buena se me ahoga en el final y es que, lo reconozco, me cuesta mucho perdonar un mal final. Eso de estar leyendo durante un montón de páginas para terminar desilusionado, me fastidia. Y esa es la sensación agridulce que me ha dejado esta historia en la que el autor ha pretendido, creo, rizar el rizo justo en su última página. De verdad, si ya está bien, no hace falta que lo toques para poner un último adorno... a veces menos es más.

     Y vosotros, ¿perdonáis los finales que no están a la altura?

     Gracias.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Tantos lobos. Lorenzo Silva


     "Recibí la llamada mientras estaba preparando las maletas para irme de viaje. El destino era lo de menos. Desde hace tiempo ya sé que en todas partes me estoy esperando yo, así que tampoco tiene sentido torturarse demasiado pensando a dónde ir. Si acaso procuro buscar algún sitio donde haya aire, horizontes abiertos. Con un paseo largo, a poder ser, para no chocarme más de la cuenta conmigo mismo. Ayuda que tenga mar. Añoro el mar en Madrid."

     Veinte años, nos dice el propio autor, y diez entregas van ya de la serie protagonizada por Bevilacqua y Chamorro en los que muchos lectores hemos acudido fielmente a las librerías ante cada nueva entrega. Hoy traigo a mi estantería virtual, Tantos Lobos.

     Cuatro son los relatos que componen esta última entrega de la saga protagonizada por la pareja de guardiaciviles. Relatos de resolución rápida que vienen marcados por las costumbres actuales de la gente más joven, lo que en este caso significa, las redes sociales.

     La novela, y muy particularmente la novela negra, se ha caracterizado muchas veces por las denuncias sociales que muestra a lo largo de sus tramas. En el caso de Lorenzo Silva, muchos son los escenarios a los que ha movido a sus protagonistas para descubrirnos vidas y entornos que de otro modo nos hubieran seguido resultando totalmente ajenos. Y esa es, quizás, la característica más sobresaliente de esta última entrega. Sin necesidad de desplazarse, al menos más allá de nuestras fronteras, ya que en algunos relatos como en Cuatro novios la movilidad geográfica era inevitable, ahonda en las redes sociales desde una perspectiva que a muchos les puede resultar desconocida. Lo hace además con el acierto de no incluir a un intelectual experto en el grupo, y mostrando como hay una brecha generacional en el equipo que queda reflejada en los sentimientos de Vila frente a determinadas situaciones que para la juventud no dejan de ser cotidianas. Eso hace, unido a una segunda brecha mucho más profunda y peligrosa, entre padres e hijos, que este título me haya parecido una lectura particularmente interesante tanto para jóvenes, sin ser un libro juvenil, como para aquéllos que tienen trato con ellos.

     En cuanto a los relatos, que no voy a enumerar pormenorizando porque eso sería como contar el libro entero, sí os diré que dejan cuatro víctimas femeninas y que tocan temas que van desde las ciberrelaciones, pasando por las identidades fingidas o el ciberacoso. Todos ellos temas actuales en la sociedad en la que nos encontramos y, por desgracia, muchas veces desconocidos para la gente que supera ciertas edades. No me ha parecido estar ente una llamada o un texto aleccionador, pero he tenido bastante claro que el autor conoce el campo que trata y que ha procurado dar un reflejo más o menos fiel de lo que nos podemos encontrar. Vila y Chamorro siguen en su línea, aunque quizás me he encontrado con un Vila más cercano con el que me he sonreído en más de una ocasión con esas licencias que se concede a sí mismo. No cabe duda que el autor sabe mantenerlos jóvenes y los años lectores parecen no afectar a esta pareja. En cuanto a los personajes que les rodean, y siempre teniendo en cuenta que al tratarse de relatos, el autor no puede ahondar demasiado en ellos, y salvo una excepción, he quedado más que satisfecha con todos y cada uno de ellos, dejando una vez más patente una actitud generalizada de "relativización" de la importancia de las cosas en las nuevas generaciones frente un encogimiento de hombros de las superiores.

     Llegados a este punto me gustaría insistir en que no se trata de una lectura que busque aleccionar. Más bien al contrario, estos relatos componen uno de los volúmenes de la saga que se leen con más rapidez ya que el autor no se entretiene un segundo a la hora de seguir el rastro y buscar la resolución de cada uno de los asesinatos. Eso lo convierte en un entretenimiento perfecto, casi un pageturner, que mantiene una uniformidad (quizás por tratarse de tan solo cuatro cuentos) que no es habitual en los libros de relatos.
     Tantos lobos me  ha parecido un título estupendo y una forma perfecta para entrar en contacto con esta saga para aquellos a los que se les antoja titánico comenzar por el principio.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


sábado, 2 de diciembre de 2017

Restaurando libros. El papel



     Qué hacer cuando nos falta un trocito de hoja porque se nos hizo un agujero (normalmente de forma mágica porque no recordamos haberlo hecho).
     A veces pasa que descubrimos bien en una esquina o en el centro de una hoja un desgaste que puede llegar a ser un agujero en el papel. En estos casos lo mejor es usar papel tisú japonés, del que partiremos un trozo de las medidas adecuadas (unos 2 mm más grande en los bordes que el agujero a reparar)  humedeciéndolo levemente en el borde a partir. De este modo quedará un borde irregular y más fino que se mezclará perfectamente con la superficie de la hoja que queremos reparar. Una vez que lo tenemos partido, abrimos el libro y colocamos una hoja de poliester o plástico debajo de la hoja estropeada y, si no nos fiamos demasiado de nuestra destreza, otra encima a la que habremos practicado un agujero igual pero con un borde de manejo. Después de esto, lo único que tenemos que hacer es colocar el papel sobre el roto y aplicar pegamento especial para papel con una brocha muy fina y siempre desde el centro del roto hacia los bordes. Recordad siempre una cosa: cuanto más fina es la capa de cola, menos se notará. Es muy importante que pongamos un papel encerado o secante entre esa hoja y las que estén en contacto o lo puedan estar, ya que hemos aplicado, aunque sea en pequeña medida, humedad sobre el papel de nuestro libro y no queremos solucionar un problema para luego tener otro por delante. Es importante también colocar un peso sobre todo dependiendo del tamaño de la reparación, para que no se deforme la hoja. Pero nunca demasiado, solo lo justo para que la hoja siga manteniendo su aspecto recto y liso.

     Personalmente prefiero usar este método a colocar el terrible pegote de cinta adhesiva brillante que, ni queda nunca como debería, ni por supuesto pasa desapercibida cuando se mira esa hoja.

¿Qué sucede si lo que tenemos es un simple desgarrón?
A veces lo que sucede es que pasamos la hoja con poco cuidado o de forma brusca y se nos desgarra. En estos casos, si el desgarrón es lo suficientemente irregular como para ver los bordes, podemos aplicar una fina capa de pasta de papel tisú tras haber limpiado los bordes. Con esta pasta un poco húmeda y presionando y luego dejando secar como indicaba en el apartado anterior, será más que suficiente. Si el desgarrón tiene partes sueltas, nos tocará aplicar el remedio del apartado anterior, ayudados de humedecer un poco los bordes del desgarrón para que pierdan su estado rígido.
En mi caso siempre uso papel tisú con adhesivo, ya sean agujeros o desgarrones, ya que es el que mejor resultado me ha dado y menos se nota. Una vez colocado el tisú se cubre con papel secante no adhesivo y un peso encima para mantener la forma. Si no le vemos la consistencia adecuada se aplica otro parche por el otro lado de la hoja.

     Finalmente, si lo que falta es una esquina de la hoja de papel, recomiendo hacer un corte doble en tisú para que tenga más consistencia, con la forma de la esquina incluida una solapa que será la que peguemos a nuestra hoja dañada.

     Espero que os haya resultado útil. Continuaremos hablando de tapas y esquinas y lomos rotos o fracturados.

      Gracias.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Transcrepuscular. Emilio Bueso


     "Los caracoles del jardín dieron la voz de alerta. Elevaron las rádulas hacia las estrellas y bramaron al unísono. Y así empezó todo."

     Cuando una editorial hace una apuesta peculiar suele llamarme la atención y así lo hizo en este caso, tanto por el trabajo, como por el formato y sí, también por el precio. Hoy traigo a mi estantería virtual, Transcrepuscular.

     Alguacil, que así se llama uno de los protagonistas, es sorprendido una noche por una alerta de intruso. Un ladrón ha entrado y se ha llevado algo valioso, así que emprende una persecución para recuperar lo robado. El ladrón escapa y Alguacil regresa para descubrir que el robo es de algo muy especial y que, sin que nadie le pregunte, va a formar parte de una expedición para recuperarlo.

     Dicho así no deja de ser una comitiva a la búsqueda de un objeto valioso, como ya hemos leído otras veces. Que Alguacil sea una suerte de guerrero honorable y además eunuco que vive para su trabajo, que es más bien una misión, tampoco es una gran novedad, de hecho... muchos de vosotros habéis pensado en Star Wars. Entonces, ¿qué tiene Transcrepuscular?
     En primer lugar, y aunque parezca una tontería, tiene la sorpresa de haberse escrito dentro de nuestras fronteras. Vale que no soy una experta en el género, pero reconozco que me ha gustado encontrar que también tenermos escritores capaces de desarrollar este tipo de fantasías ambientadas en mundos complejos. De entrada transcrepuscular (ahora sin mayúsculas) es la zona entre el día y la noche de un planeta que no rota. Y también es la primera parte de la trilogía que presenta Emilio Bueso. No voy a entrar en palabrras técnicas pero diré que tiene mucho de fantasía épica en un mundo inventado al que el autor consigue acostumbrarnos con relativa rapidez. Y digo esto porque de lamás absoluta extrañeza vamos pasando a imaginar monolitos, colinas y caminos e incluso a los personajes, como si se hubiera aprovechado de los conocimientos de cada lector para tocar las teclas adecuadas en lugar de cansarle con enormes descripciones (a fin de cuentas, si el libro lo cuenta uno de los protagonistas, es lógico que solo se pare un poco en aquello que vea y le resulte particularmente llamativo, exactamente igual que nosotros no vamos describiendo cada detalle del lugar en el que vivimos). Eso hace que la lectura sea ligera y se convierta casi más en una novela de aventuras, en una búsqueda de un obejto robado y llevado a territorio casi desconocido tanto para los protagonistas como para los lectores. Además, se entrelaza está búsqueda con las incógnitas sobre quién y por qué roban el objeto, lo que hace que las dudas y preguntas empujen al lector a continuar "unas páginas más" cada vez.
     Del mundo que presenta Bueso, cabe destacar la simbiosis permanente de personas y babosas, la importancia en sí de estos animales a lo largo de la historia, con momentos en los que nos preguntaremos quién usa a quién y en qué modo. Encontraremos, por supuesto, más peculiaridades colocadas como corresponden, y que irán de guerreros a insectos gigantes, todos ellos pensados para crear una atmósfera mantenida a lo largo de la historia, por lo demás, aseguible a cualquier público sea o no aficionado al género. Y es que, este tipo de novelas bien llevadas, hace que pasadas unas páginas dejemos de preguntarnos "cómo es posible" para preocuparnos más por el "qué pasará".
      Si tengo que ser sincera, mi mayor pega ha sido un problema de afinidad con uno de los personajes, Trapo, al que no he cogido el punto ni he visto la gracia por mucho que me haya esforzado en hacerlo. Pero esto, me temo, es una cuestión personal más que de la obra.

     Transcrepuscular me ha parecido, en su conjunto, una apuesta arriesgada que funciona, que apetece continuar y que, por tono e historia, es adecuada incluso para un público juvenil (que no infantil). Y sobre todo, como ya comentaba al principio de la entrada, me ha gustado descubrir que también creamos mundos dentro de nuestras fronteras. Como ya he dicho alguna vez, me quedan muchos escritores por descubrir y muchos mundos que pisar.

     Puede que muchos lectores se alejen de la literatura de género, pero de todos ellos, un ámplio porcentaje solo se mantendrán lejos mientras no surja un fenómeno editorial como Juego de Tronos. Cuando eso sucede, se olvidan los prejuicios. Y eso puede hacer que nos perdamos buenas historias en el camino. Y vosotros, ¿os acercáis a este tipo de lecturas alguna vez, o solo cuando alcanzan ese punto de fama que las convierte casi en obligadas? ¿O ni así?

     Gracias.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Apegos feroces. Vivian Gornick


     "Cada vez que me ve, dice: ‘Me odias. Sé que me odias’. Voy a hacerle una visita y a cualquiera que esté presente -un vecino, un amigo, mi hermano, uno de mis sobrinos- le dice: ‘Me odia. No sé qué tiene contra mí, pero me odia’. Del mismo modo, es perfectamente capaz de parar por la calle a un completo desconocido cuando salimos a pasear y soltarle: ‘Ésta es mi hija. Me odia’. Y a continuación se dirige a mí e implora: ‘¿Pero qué te he hecho yo para que me odies tanto?’. Nunca le respondo. Sé que arde de rabia y me alegra verla así. ¿Y por qué no? Yo también ardo de rabia”."      

     He tenido y posado este libro en las manos varias veces. Tras el premio otorgadopor los libreros de Madrid me decidí. Hoy traigo a mi estantería virtual, Apegos feroces.

     Vivian, autora y protagonista de estas memorias, pasea con su madre por Manhattan mientras conversan a ratos. En estas conversaciones salen recuerdos del pasado como si fueran el propio presente y también salen a la luz las diferencias y parecidos entre ambas mujeres, y la dificultad que entraña una relación madre e hija.

     Cada vez que leo que este es un libro honesto, me llama la atención. No por nada, yo también uso esa palabra con muchos libros, cuando me resulta verosímil o real lo que cuentan en ellos, pero en este caso estamos ante un libro de memorias. Y las memorias, por definición, han de ser honestas. Eso hace que me pregunte qué tienen los paseos entre una madre y una hija durante tres años para que esa sea la palabra que mejor los defina. Y entonces me pongo a leer.

     El libro, y sobre todo en la primera parte, trae al presente un pasado en un edificio del Bronx que retrata fielmente en una época identificada peroq ue podría perfectamente verse trasladado de ciudad, incluso de año. Esos vecinos y, sobre todo, vecinas que se relacionan por prosimidad, en las escaleras, los descansillos, el barrio. Un retrato de "el todo", el momento, por "la parte", el edificio. Y empezamos a conocer a la Sra Gornick, una mujer dura que se casa con un hombre al que se consagra en vida y también en viudedad ya que no sale del papel de viuda una vez su marido fallece. Quizás su contrapunto sea Netti, la vecina, un personaje magnífico que opta por serntirse liberada de su marido y disfrutar y tener sexo alegremente. Y en mitad, en el centro de la novela, está la autora. Una mujer de casi cuarenta a la que vemos de niña mirando todo y recogiendo información y conductas mientras busca el tipo de mujer que quiere ser.
     También hay hombres en el libro, de hecho están el padre y el hermano de la autora. Pero no tienen relevancia para lo que se nos está contando. Gornick habla del crecimiento y la búsqueda, de la dificil relación entre una madre y una hija que se ven fracturadas por una sensación de incomprensión y de esa chispa de rabia que salta entre ellas quizás por todo lo callado durante años y años.
   
      El tono del libro, pese a todo, es nostálgico, casi triste. Incluso cuando habla en la última parte de relaciones fallidas en las qe parece querer buscar a la mujer que es, percibimos un poso de tristeza. Pero quizás es en el narrador plural el que más me ha impactado, el más real y a la vez más solitario. De hecho, cuando uno termina el libro y lo cierra no puede evitar pensar en esa madre que tal vez descubriera el libro ya publicado en uno de sus paseos, en un escaparate, y en lo que hubiera opinado en caso de leerlo. Y justo depués uno no puede evitar pensar en madres e hijas.

     Apegos feroces me ha gustado. Entiendo que sigue una estela de publicaciones entre mujeres marcadas por las relaciones con las madres o las hijas, todas ellas perfectas en sus imprfecciones, todas con silencios y rencores ocultos, silencio, rebeldía y amor.

     Hablaba antes del premio de los Libreros. Y vosotros, ¿sois lectores de premios?

     Gracias.