miércoles, 13 de diciembre de 2017

El nombre del mundo. Denis Johnson


     "Yo tenía casi cincuenta años cuando se presentó la oportunidad. Al terminar mis estudios, enseñé en un colegio secundario más de una década, sumando puntos de posgraduado para mi currículo durante los veranos. Un día le escribí una carta a un candidato presidencial, aconsejándole sobre políticas y estrategias (se trataba del senador Thomas Thom, de Oklahoma; sus posibilidades se esfumaron a poco de empezar las elecciones primarias), y aunque yo no tenía idea de que a las personas que escribían semejantes cartas se les prestaba atención e incluso se les ofrecía un trabajo, en un abrir y cerrar de ojos pasé de ser míster Reed, el encargado de estudios sociales, a convertirme en Mike Reed, el escritor de discursos, el hombre todoterreno, el tipo al que podías confesarle lo que fuera en el guardarropas mientras buscabas tu abrigo."

     Denis Johnson no es uno de mis escritores favoritos y, siendo sincera, dudo que llegue a serlo. Sin embargo algo le veo a sus letras que continúo buscando sus libros como si supiera que en algún momento llegaré a tener la novela perfecta entre manos. Hoy traigo a mi estantería virtual, El nombre del mundo.

     Conocemos a Michael Reed. A lo largo de su vida ha sido profesor de secundaria y ha estado incluso al lado de un senador. Sin embargo, nosotros lo conocemos como profesor universitario adjunto sumido en la más profunda soledad. Su mujer y su hija fallecieron hace el tiempo suficiente como para que se le desdibujen sus rostros en la memoria. Le conocemos en un momento en el que su vida se convulsiona, motivado principalmente por la irrupción en ella de la violoncelista Flower, mucho más joven que él.

     Estamos ante un libro corto pero cargado de sentimientos, como ya nos tiene acostumbrados el autor. Esta vez el protagonista es un escritor y profesor que pasa de los cincuenta y vive en una suerte de stand by sin que nada le comprometa o importe mucho, desde la pérdida de su familia. Reed es un hombre al que le falta vida pese a tenerla en sus venas y eso hace que la sensación de soledad que transmite al lector sea, en algunos momentos, casi sobrecogedora. Le descubrimos roto y solitario y también, por qué no, errático, entrando y saliendo de relaciones sociales que no le exijan demasiado y conviviendo de la forma adecuada para ser uno más. Sin sobresalir. Igual que no lo hace, al menos en apariencia, la forma de contar la historia, que pasa por un tono contenido que a veces roza la indiferencia pero que esconde muchos matices que se van desatando a medida que avanzamos en la historia. Una historia en la que irrumpe la joven Flower, mezcla de mujer e hija quizás más lo que hubiera sido lo segundo con ecos de lo primero o tal vez todos los fantasmas de los seres que le faltan al protagonista, encarnados en un carácter que roza los límites y que le provocarán una desestabilidad, un terremoto mientras la narración de la historia parece permanecer inalterable. Esta mujer, de la que dije violoncelista se dedica a realizar un espectáculo sexual pseudopeligroso que dará pie al lector a pensar en el peligro que puede correr un hombre que se ha negado a la vida si se lanza a respirar el aire de esta fantasía hecha carne.

     El nombre del mundo podría parecer una novela sobre el duelo, la pérdida y el vació y desolación que dejan en quien lo sufre, pero avanza más allá de eso, por el difícil camino que se recorre una vez pasada la etapa más oscura. Tal vez por eso Johnson no puede evitar dejar un rastro de humor a lo largo de la novela, a la par que nos deja ver el filo del juego que no es tan inocente como una simple fantasía de encontrar una hija perdida. Y la capacidad que ha tenido de condensarlo todo en una novelita corta, de conseguir que el lector sienta como desciende a la soledad, la tortura, la asfixia y también la necesidad de respirar, son las cara´cterísticas más sobresalientes del libro. Un libro que, por lo demás, cumple con lo que uno espera de los libros de Johnson: un protagonista "normal" en un lugar inespecífico y la engañosa apariencia de estar ante una historia más. En los libros de Johnson siempre hay más.

     Me ha gustado El nombre del mundo, posiblemente uno de los libros del autor con los que me quedo.

     Las grandes novelas no han de tener muchas páginas, pero aún así, muchos evitan aquellas que consideran demasiado cortas. Decidme, ¿miráis con recelo los libros que son "demasiado cortos"?

     Gracias.


lunes, 11 de diciembre de 2017

La grandeza de la vida. Michael Kumpfmüller


     "El doctor llega a última hora de la tarde, un viernes de julio. El tramo final que recorre desde la estación en un automóvil descubierto no se acaba nunca, sigue haciendo mucho calor y está exhausto, pero ya ha llegado. Elli y los niños lo esperan en el vestíbulo. Apenas le da tiempo a dejar el equipaje y ya Felix y Gerti corren hacia él y le hablan sin cesar. Han estado en la playa desde por la mañana temprano, y les encantaría volver y enseñarle lo que han construido, un enorme castillo de arena, la playa está repleta de ellos."

     Kafka es un nombre que todos conocemos y un hombre del que, en cambio, la mayoría de la gente apenas sabe nada. Por eso me atrajo este libro y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La grandeza de la vida.

     Kafka tenía un trabajo en una compañía de seguros de Praga, pero lo dejó a la edad de 39 años debido a su tuberculosis. Para cuando esta novela empieza, ya tiene 40, han pasado 5 años desde la guerra y está en momento de relax a orillas del Báltico, cuidando de su salud y dando paseos. En sus paseos coincide con una joven y acaba conociendo a Dora. Ella ya se había fijado en él. Y así comienzan sus paseos. Dora fue el gran amor de Kafka, pese a su enfermedad, pese a la diferencia de edad y a que muriera un año después.

     Kafka fue un hombre tímido, callado, descontento. Y esto según sus propias palabras. Escribir una novela sobre una persona así y que además la realidad y la ficción comulguen en armonía es complicado. Y esa es la tarea en la que se embarca Kumpfmüller y lo logra con éxito. Principalmente, porque respeta ese rasgo primordial del carácter del famoso escritor. No se dedica a desnudar su alma, sino que nos deja ver al Kafka real, ese que permanece cerrado, celoso de su interior y parece que va pasando la vida mientras nos muestra en los detalles la importancia de sus sentimientos por esta joven mujer. Tras la guerra, hay muchos refugiados, principalmente judíos, se observa a todo el mundo y el antisemitismo es una realidad cada vez más palpable en las calles. Este es el Berlín al que Kafka va en busca de Dora. Allí se ven y, sobre todo, se escriben. aunque la Gestapo requisase su correspondencia con el tiempo y no se haya podido recuperar. Un Berlín en el que los precios se disparan y el alquiler sube mes a mes ahogando a las personas, y también la ciudad en la que Max visita al escritor una vez al mes.
Es también esta época esa en la que Kafka conoció a una niña en un parque. Niña triste porque perdió su muñeca y a la que el escritor consuela carta a carta, como si fuera la muñeca quien las escribe para contarle sus viajes y su próxima boda con un príncipe. Ahí vemos el interior de Kafka, en lo sutil, todo el libro es en realidad un acercamiento sutil a un hombre que, ciertamente, ha tenido amantes, pero que es reacio a dejarse conocer, a permitir que una mujer le penetre. Y descubrimos de este modo esa felicidad que parece pillarle por sorpresa y ante la que no sabe cómo reaccionar si es que lo hace. Y vemos a Dora, la mirada eterna de la mujer que lo acompaña.

     Es curioso que yo me haya empeñado en decir Kafka cada vez, cuando el autor lo evita de forma deliberada. Es Franz, o el doctor quien protagoniza esta novela. Una novela tierna que no tiene un ápice de sentimentalismo y que profundiza en la importancia de encontrar a quien te acompañe, que nos deja ver los últimos meses de un enfermo y en la que, a grandes ratos, parecemos vislumbrar un sentimiento de felicidad en un contexto político y social muy complejo. Y el autor logra un equilibrio entre todas sus partes.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

martes, 5 de diciembre de 2017

No digas nada. Brad Parks


     "Su primer movimiento contra nosotros fue tan minúsculo, una irregularidad tan infinitesimal en contraste con el atronador ruido de fondo de la vida, que no lo consideré significativo. 
     Adoptó la forma de un mensaje de texto procedente de mi esposa, Alison, y me llegó al móvil a las 15.28 de un miércoles."

     No se vosotros, pero yo en los días de frío, muchas veces no quiero más que un libro y una manta y no pensar mientras vuelan las horas. Y eso hace que a veces me busque una suerte de código bestseller para estar entretenida. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, No digas nada.

     Conocemos a los Samson, Scott y Alison. Una familia con éxito y tranquilidad económica, con una posición ya que Scott es juez federal, y con una pareja de gemelos, Sam y Emma. Hasta aquí parece que estamos ante una familia modelo, pero todo cambia cuando los hijos son secuestrados y utilizados para dictar al juez sus próximas sentencias, unidas siempre a la misma consigna: no digas nada a nadie o tus hijos morirán.

     El argumento no es demasiado original, pero sí efectivo, incluso cinematográfico, así que es fácil entrar en esta novela de suspense y dejarse arrastrar por sus páginas. a partir del secuestro, los padres optan por no ir a la policía mientras el juez ve como todos sus principios se ponen a prueba cuando se le dicta la primera sentencia y comienza a temerse el caso al que va destinado la segunda. Es entonces cuando Parks comienza a complicar la historia, sobre todo para los padres a quienes asedia de preocupaciones y les pone ante una constante: que nadie se entere. Lo hace además de tal forma que el lector se pondrá de parte de Scott, que es quien además nos va contando la historia, y al que veremos perder los nervios y llegar a sospechar de su propia sombra. Un segundo hilo nos dejará entrar en el lugar de confinamiento de los niños, de tal modo que poseeremos siempre más información que él, aunque es verdad que Parks se encargará de que eso cargue aún más la atmósfera para el lector. Y así entraremos en una corte con sentencias cuestionables, presiones por parte de los superiores de un juez, temores, investigaciones, secretos y mentiras que hacen de esta novela una lectura ágil que busca entretener al lector.

     La trama está más o menos bien conseguida, ya que tiene el ritmo adecuado como para que no nos paremos demasiado a pensar en los detalles, lo que importa es avanzar y descubrir quién ha sido el artífice del secuestro. Así que hasta aquí no tengo pegas. El problema para mi con esta novela está en su resolución. Tengo problemas con giros inesperados que no parten de ningún apoyo y más aún con las frases pseudosentimentaloides que algunos autores me intentan colocar sobre todo cuando hay niños de por medio. No me cabe duda que mucha gente sentirá cierta emoción con esta novela en varios momentos, pero en mi caso creo que esa parte sobraba.

     Es una pena que a veces una novela resultona o incluso buena se me ahoga en el final y es que, lo reconozco, me cuesta mucho perdonar un mal final. Eso de estar leyendo durante un montón de páginas para terminar desilusionado, me fastidia. Y esa es la sensación agridulce que me ha dejado esta historia en la que el autor ha pretendido, creo, rizar el rizo justo en su última página. De verdad, si ya está bien, no hace falta que lo toques para poner un último adorno... a veces menos es más.

     Y vosotros, ¿perdonáis los finales que no están a la altura?

     Gracias.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Tantos lobos. Lorenzo Silva


     "Recibí la llamada mientras estaba preparando las maletas para irme de viaje. El destino era lo de menos. Desde hace tiempo ya sé que en todas partes me estoy esperando yo, así que tampoco tiene sentido torturarse demasiado pensando a dónde ir. Si acaso procuro buscar algún sitio donde haya aire, horizontes abiertos. Con un paseo largo, a poder ser, para no chocarme más de la cuenta conmigo mismo. Ayuda que tenga mar. Añoro el mar en Madrid."

     Veinte años, nos dice el propio autor, y diez entregas van ya de la serie protagonizada por Bevilacqua y Chamorro en los que muchos lectores hemos acudido fielmente a las librerías ante cada nueva entrega. Hoy traigo a mi estantería virtual, Tantos Lobos.

     Cuatro son los relatos que componen esta última entrega de la saga protagonizada por la pareja de guardiaciviles. Relatos de resolución rápida que vienen marcados por las costumbres actuales de la gente más joven, lo que en este caso significa, las redes sociales.

     La novela, y muy particularmente la novela negra, se ha caracterizado muchas veces por las denuncias sociales que muestra a lo largo de sus tramas. En el caso de Lorenzo Silva, muchos son los escenarios a los que ha movido a sus protagonistas para descubrirnos vidas y entornos que de otro modo nos hubieran seguido resultando totalmente ajenos. Y esa es, quizás, la característica más sobresaliente de esta última entrega. Sin necesidad de desplazarse, al menos más allá de nuestras fronteras, ya que en algunos relatos como en Cuatro novios la movilidad geográfica era inevitable, ahonda en las redes sociales desde una perspectiva que a muchos les puede resultar desconocida. Lo hace además con el acierto de no incluir a un intelectual experto en el grupo, y mostrando como hay una brecha generacional en el equipo que queda reflejada en los sentimientos de Vila frente a determinadas situaciones que para la juventud no dejan de ser cotidianas. Eso hace, unido a una segunda brecha mucho más profunda y peligrosa, entre padres e hijos, que este título me haya parecido una lectura particularmente interesante tanto para jóvenes, sin ser un libro juvenil, como para aquéllos que tienen trato con ellos.

     En cuanto a los relatos, que no voy a enumerar pormenorizando porque eso sería como contar el libro entero, sí os diré que dejan cuatro víctimas femeninas y que tocan temas que van desde las ciberrelaciones, pasando por las identidades fingidas o el ciberacoso. Todos ellos temas actuales en la sociedad en la que nos encontramos y, por desgracia, muchas veces desconocidos para la gente que supera ciertas edades. No me ha parecido estar ente una llamada o un texto aleccionador, pero he tenido bastante claro que el autor conoce el campo que trata y que ha procurado dar un reflejo más o menos fiel de lo que nos podemos encontrar. Vila y Chamorro siguen en su línea, aunque quizás me he encontrado con un Vila más cercano con el que me he sonreído en más de una ocasión con esas licencias que se concede a sí mismo. No cabe duda que el autor sabe mantenerlos jóvenes y los años lectores parecen no afectar a esta pareja. En cuanto a los personajes que les rodean, y siempre teniendo en cuenta que al tratarse de relatos, el autor no puede ahondar demasiado en ellos, y salvo una excepción, he quedado más que satisfecha con todos y cada uno de ellos, dejando una vez más patente una actitud generalizada de "relativización" de la importancia de las cosas en las nuevas generaciones frente un encogimiento de hombros de las superiores.

     Llegados a este punto me gustaría insistir en que no se trata de una lectura que busque aleccionar. Más bien al contrario, estos relatos componen uno de los volúmenes de la saga que se leen con más rapidez ya que el autor no se entretiene un segundo a la hora de seguir el rastro y buscar la resolución de cada uno de los asesinatos. Eso lo convierte en un entretenimiento perfecto, casi un pageturner, que mantiene una uniformidad (quizás por tratarse de tan solo cuatro cuentos) que no es habitual en los libros de relatos.
     Tantos lobos me  ha parecido un título estupendo y una forma perfecta para entrar en contacto con esta saga para aquellos a los que se les antoja titánico comenzar por el principio.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.


sábado, 2 de diciembre de 2017

Restaurando libros. El papel



     Qué hacer cuando nos falta un trocito de hoja porque se nos hizo un agujero (normalmente de forma mágica porque no recordamos haberlo hecho).
     A veces pasa que descubrimos bien en una esquina o en el centro de una hoja un desgaste que puede llegar a ser un agujero en el papel. En estos casos lo mejor es usar papel tisú japonés, del que partiremos un trozo de las medidas adecuadas (unos 2 mm más grande en los bordes que el agujero a reparar)  humedeciéndolo levemente en el borde a partir. De este modo quedará un borde irregular y más fino que se mezclará perfectamente con la superficie de la hoja que queremos reparar. Una vez que lo tenemos partido, abrimos el libro y colocamos una hoja de poliester o plástico debajo de la hoja estropeada y, si no nos fiamos demasiado de nuestra destreza, otra encima a la que habremos practicado un agujero igual pero con un borde de manejo. Después de esto, lo único que tenemos que hacer es colocar el papel sobre el roto y aplicar pegamento especial para papel con una brocha muy fina y siempre desde el centro del roto hacia los bordes. Recordad siempre una cosa: cuanto más fina es la capa de cola, menos se notará. Es muy importante que pongamos un papel encerado o secante entre esa hoja y las que estén en contacto o lo puedan estar, ya que hemos aplicado, aunque sea en pequeña medida, humedad sobre el papel de nuestro libro y no queremos solucionar un problema para luego tener otro por delante. Es importante también colocar un peso sobre todo dependiendo del tamaño de la reparación, para que no se deforme la hoja. Pero nunca demasiado, solo lo justo para que la hoja siga manteniendo su aspecto recto y liso.

     Personalmente prefiero usar este método a colocar el terrible pegote de cinta adhesiva brillante que, ni queda nunca como debería, ni por supuesto pasa desapercibida cuando se mira esa hoja.

¿Qué sucede si lo que tenemos es un simple desgarrón?
A veces lo que sucede es que pasamos la hoja con poco cuidado o de forma brusca y se nos desgarra. En estos casos, si el desgarrón es lo suficientemente irregular como para ver los bordes, podemos aplicar una fina capa de pasta de papel tisú tras haber limpiado los bordes. Con esta pasta un poco húmeda y presionando y luego dejando secar como indicaba en el apartado anterior, será más que suficiente. Si el desgarrón tiene partes sueltas, nos tocará aplicar el remedio del apartado anterior, ayudados de humedecer un poco los bordes del desgarrón para que pierdan su estado rígido.
En mi caso siempre uso papel tisú con adhesivo, ya sean agujeros o desgarrones, ya que es el que mejor resultado me ha dado y menos se nota. Una vez colocado el tisú se cubre con papel secante no adhesivo y un peso encima para mantener la forma. Si no le vemos la consistencia adecuada se aplica otro parche por el otro lado de la hoja.

     Finalmente, si lo que falta es una esquina de la hoja de papel, recomiendo hacer un corte doble en tisú para que tenga más consistencia, con la forma de la esquina incluida una solapa que será la que peguemos a nuestra hoja dañada.

     Espero que os haya resultado útil. Continuaremos hablando de tapas y esquinas y lomos rotos o fracturados.

      Gracias.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Transcrepuscular. Emilio Bueso


     "Los caracoles del jardín dieron la voz de alerta. Elevaron las rádulas hacia las estrellas y bramaron al unísono. Y así empezó todo."

     Cuando una editorial hace una apuesta peculiar suele llamarme la atención y así lo hizo en este caso, tanto por el trabajo, como por el formato y sí, también por el precio. Hoy traigo a mi estantería virtual, Transcrepuscular.

     Alguacil, que así se llama uno de los protagonistas, es sorprendido una noche por una alerta de intruso. Un ladrón ha entrado y se ha llevado algo valioso, así que emprende una persecución para recuperar lo robado. El ladrón escapa y Alguacil regresa para descubrir que el robo es de algo muy especial y que, sin que nadie le pregunte, va a formar parte de una expedición para recuperarlo.

     Dicho así no deja de ser una comitiva a la búsqueda de un objeto valioso, como ya hemos leído otras veces. Que Alguacil sea una suerte de guerrero honorable y además eunuco que vive para su trabajo, que es más bien una misión, tampoco es una gran novedad, de hecho... muchos de vosotros habéis pensado en Star Wars. Entonces, ¿qué tiene Transcrepuscular?
     En primer lugar, y aunque parezca una tontería, tiene la sorpresa de haberse escrito dentro de nuestras fronteras. Vale que no soy una experta en el género, pero reconozco que me ha gustado encontrar que también tenermos escritores capaces de desarrollar este tipo de fantasías ambientadas en mundos complejos. De entrada transcrepuscular (ahora sin mayúsculas) es la zona entre el día y la noche de un planeta que no rota. Y también es la primera parte de la trilogía que presenta Emilio Bueso. No voy a entrar en palabrras técnicas pero diré que tiene mucho de fantasía épica en un mundo inventado al que el autor consigue acostumbrarnos con relativa rapidez. Y digo esto porque de lamás absoluta extrañeza vamos pasando a imaginar monolitos, colinas y caminos e incluso a los personajes, como si se hubiera aprovechado de los conocimientos de cada lector para tocar las teclas adecuadas en lugar de cansarle con enormes descripciones (a fin de cuentas, si el libro lo cuenta uno de los protagonistas, es lógico que solo se pare un poco en aquello que vea y le resulte particularmente llamativo, exactamente igual que nosotros no vamos describiendo cada detalle del lugar en el que vivimos). Eso hace que la lectura sea ligera y se convierta casi más en una novela de aventuras, en una búsqueda de un obejto robado y llevado a territorio casi desconocido tanto para los protagonistas como para los lectores. Además, se entrelaza está búsqueda con las incógnitas sobre quién y por qué roban el objeto, lo que hace que las dudas y preguntas empujen al lector a continuar "unas páginas más" cada vez.
     Del mundo que presenta Bueso, cabe destacar la simbiosis permanente de personas y babosas, la importancia en sí de estos animales a lo largo de la historia, con momentos en los que nos preguntaremos quién usa a quién y en qué modo. Encontraremos, por supuesto, más peculiaridades colocadas como corresponden, y que irán de guerreros a insectos gigantes, todos ellos pensados para crear una atmósfera mantenida a lo largo de la historia, por lo demás, aseguible a cualquier público sea o no aficionado al género. Y es que, este tipo de novelas bien llevadas, hace que pasadas unas páginas dejemos de preguntarnos "cómo es posible" para preocuparnos más por el "qué pasará".
      Si tengo que ser sincera, mi mayor pega ha sido un problema de afinidad con uno de los personajes, Trapo, al que no he cogido el punto ni he visto la gracia por mucho que me haya esforzado en hacerlo. Pero esto, me temo, es una cuestión personal más que de la obra.

     Transcrepuscular me ha parecido, en su conjunto, una apuesta arriesgada que funciona, que apetece continuar y que, por tono e historia, es adecuada incluso para un público juvenil (que no infantil). Y sobre todo, como ya comentaba al principio de la entrada, me ha gustado descubrir que también creamos mundos dentro de nuestras fronteras. Como ya he dicho alguna vez, me quedan muchos escritores por descubrir y muchos mundos que pisar.

     Puede que muchos lectores se alejen de la literatura de género, pero de todos ellos, un ámplio porcentaje solo se mantendrán lejos mientras no surja un fenómeno editorial como Juego de Tronos. Cuando eso sucede, se olvidan los prejuicios. Y eso puede hacer que nos perdamos buenas historias en el camino. Y vosotros, ¿os acercáis a este tipo de lecturas alguna vez, o solo cuando alcanzan ese punto de fama que las convierte casi en obligadas? ¿O ni así?

     Gracias.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Apegos feroces. Vivian Gornick


     "Cada vez que me ve, dice: ‘Me odias. Sé que me odias’. Voy a hacerle una visita y a cualquiera que esté presente -un vecino, un amigo, mi hermano, uno de mis sobrinos- le dice: ‘Me odia. No sé qué tiene contra mí, pero me odia’. Del mismo modo, es perfectamente capaz de parar por la calle a un completo desconocido cuando salimos a pasear y soltarle: ‘Ésta es mi hija. Me odia’. Y a continuación se dirige a mí e implora: ‘¿Pero qué te he hecho yo para que me odies tanto?’. Nunca le respondo. Sé que arde de rabia y me alegra verla así. ¿Y por qué no? Yo también ardo de rabia”."      

     He tenido y posado este libro en las manos varias veces. Tras el premio otorgadopor los libreros de Madrid me decidí. Hoy traigo a mi estantería virtual, Apegos feroces.

     Vivian, autora y protagonista de estas memorias, pasea con su madre por Manhattan mientras conversan a ratos. En estas conversaciones salen recuerdos del pasado como si fueran el propio presente y también salen a la luz las diferencias y parecidos entre ambas mujeres, y la dificultad que entraña una relación madre e hija.

     Cada vez que leo que este es un libro honesto, me llama la atención. No por nada, yo también uso esa palabra con muchos libros, cuando me resulta verosímil o real lo que cuentan en ellos, pero en este caso estamos ante un libro de memorias. Y las memorias, por definición, han de ser honestas. Eso hace que me pregunte qué tienen los paseos entre una madre y una hija durante tres años para que esa sea la palabra que mejor los defina. Y entonces me pongo a leer.

     El libro, y sobre todo en la primera parte, trae al presente un pasado en un edificio del Bronx que retrata fielmente en una época identificada peroq ue podría perfectamente verse trasladado de ciudad, incluso de año. Esos vecinos y, sobre todo, vecinas que se relacionan por prosimidad, en las escaleras, los descansillos, el barrio. Un retrato de "el todo", el momento, por "la parte", el edificio. Y empezamos a conocer a la Sra Gornick, una mujer dura que se casa con un hombre al que se consagra en vida y también en viudedad ya que no sale del papel de viuda una vez su marido fallece. Quizás su contrapunto sea Netti, la vecina, un personaje magnífico que opta por serntirse liberada de su marido y disfrutar y tener sexo alegremente. Y en mitad, en el centro de la novela, está la autora. Una mujer de casi cuarenta a la que vemos de niña mirando todo y recogiendo información y conductas mientras busca el tipo de mujer que quiere ser.
     También hay hombres en el libro, de hecho están el padre y el hermano de la autora. Pero no tienen relevancia para lo que se nos está contando. Gornick habla del crecimiento y la búsqueda, de la dificil relación entre una madre y una hija que se ven fracturadas por una sensación de incomprensión y de esa chispa de rabia que salta entre ellas quizás por todo lo callado durante años y años.
   
      El tono del libro, pese a todo, es nostálgico, casi triste. Incluso cuando habla en la última parte de relaciones fallidas en las qe parece querer buscar a la mujer que es, percibimos un poso de tristeza. Pero quizás es en el narrador plural el que más me ha impactado, el más real y a la vez más solitario. De hecho, cuando uno termina el libro y lo cierra no puede evitar pensar en esa madre que tal vez descubriera el libro ya publicado en uno de sus paseos, en un escaparate, y en lo que hubiera opinado en caso de leerlo. Y justo depués uno no puede evitar pensar en madres e hijas.

     Apegos feroces me ha gustado. Entiendo que sigue una estela de publicaciones entre mujeres marcadas por las relaciones con las madres o las hijas, todas ellas perfectas en sus imprfecciones, todas con silencios y rencores ocultos, silencio, rebeldía y amor.

     Hablaba antes del premio de los Libreros. Y vosotros, ¿sois lectores de premios?

     Gracias.

martes, 28 de noviembre de 2017

Veinte. Manel Loureiro


     "Todo sucedió cinco días antes de Navidad. Nadie parece tener claro dónde comenzó realmente el fenómeno, aunque eso ya es lo de menos. Porque fue rápido, abrupto. 
     Salvaje. 
     No podía ser de otra manera."

      Loureiro se hizo famoso con su trilogía zombie que, tengo qe reconocer, me resultó muy divertida y original. Me reí. Cuando me dijeron que su última novela era juvenil tuve curiosidad por saber cómo sería, ya que en aquellos primeros libros ya me pareció que podían ser del gusto de este sector. Hoy traigo a mi estantería virtual, Veinte.

     Tras una epidemia la población mundial ha quedado reducida al 1%. Los escasos supervivientes, doscientos años después, están formados por herederos de los que no murieron. También heredaron sus conocimientos, que se han ido perdiendo poco a poco. Se hallan repartidos en una serie de poblados que protegen de aquellos a quienes llaman los Hostiles. En uno de estos poblados, llamado La lanza, se sitúa la historia y allí conoceremos a Andrea, una superviviente que por una mutación no envejece convirtiéndola en una testigo de excepción. Pero ni ella puede pensar que la epidemia vaya a regresar.

     Con un comienzo muy potente Loureiro se adentra en el mundo de las distopías. Más cercano a El señor de las moscas o incluso Los cien que a Los juegos del hambre, nos habla de una búsqueda capitaneada por jóvenes y de un colapso social en el que las luchas de poder serán casi constantes. Tanto como la lucha por la propia supervivencia. Quizás por estar enfocado al público juvenil, la acción es constante y no permite que sea interrumpida por descripciones largas. Usa en realidad frases más efectivas que generan automáticamente una imagen en el lector posiblemente ayudado por el bombardeo de distopías que hemos sufrido en los últimos tiempos. Y es que me ha quedado claro que Loureiro se ha empapado del género antes de ponerse con esta historia. Ha buscado las partes buenas y deshechado las malas, sin ser por ello su historia un refrito, que no lo es. Sin embargo se nota que ha huído de determinadas constantes denovelas similares, siendo una de ellas, la supervivencia de los personajes que pueblan la novela. Ha optado aquí por no forzar la historia con giros inverosímiles para conseguir que todos lleguen a buen puerto. Y el lector, al menos el lector adulto, lo agradece.

     El resultado es una novela que se lee en dos ratos y que, si bien es cierto que hay varios momentos en los que la acción se tambalea, deja cerrada la trama evitando ese momento de temor a la trilogía que vienen provocando este tipo de historias en los últimos meses. Una aportación entretenida para los aficionados al género.

     Y vosotros, ¿alguna vez os arrimáis a la novela juvenil?

     Gracias.

lunes, 27 de noviembre de 2017

El año del pensamiento mágico. Joan Didion


     "La vida cambia deprisa.
     La vida cambia en un instante.
     Te sientas a cenar y la vida que conocías se acaba.
     La cuestión de la autocompasión."

     Me gusta leer a Didion porque tras una aparente sencillez, tiene libros muy trabajados, como si los purgase de errores. Me gusta su honestidad a la hora de escribir trate el tema que trate. Me gusta. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El año del pensamiento mágico.

     John G. Dunne murió un 30 de diciembre, en 2003. Salía junto a su mujer, Joan Didion, del hospital de visitar a su hija en coma cuando un infarto puso punto final a su vida. Didión cataliza el dolor en este libro. Le toca además informar a su hija de lo sucedido, su única hija, Quintana.

     Lo cierto es que Quintana Dunne se recupera, pero poco tiempo después sufrió una embolia y tuvo que ser ingresada en la unidad de cuidados intensivos. Finalmente murió, unos meses después que su padre, dejando a Joan Didion sola. El año del pensamiento mágico es un libro sobre la muerte, aunque no sobe la de la hija, Joan Didion ya lo había finalizado cuando falleció, así que se centra en la repentina muerte del hombre con quien había compartido cuarenta años de matrimonio.

     El pensamiento mágico es una forma de razonar basada en supuestos ilógicos, y con frecuencia sobrenaturales, que genera opiniones que carecen de fundamento. Los niños tienen habitualmente pensamiento mágico. El sentimiento de culpa por haber hecho algo o no cuando ha sucedido algo trágico también tiene mucho de pensamiento mágico. Pensar que si no tiras unos zapatos, una persona fallecida volverá a por ellos, es sin lugar a dudas, un pensamiento mágico. Y sin embargo, todos los hemos tenido en algún momento de nuestra vida hasta el punto de ser capaces de identificarnos con ese razonamiento que desafía toda lógica. Las familias de niños desaparecidos dejan sus cuartos intactos, incluso ponen sobre la cama el juguete favorito del niño, para que regresen y lo cojan. Así somos.

     El año del pensamiento mágico es un libro crudo que evita caer en los sentimentalismos, pero que muestra la desolación e incomprensión que siente una persona cuando se enfrenta a la muerte repentina de un ser querido. Si el miedo a la muerte es algo visceral que todos llevamos dentro en mayor o menor medida, no le interesa demasiado a Joan Didion. Pero sí el que se muera alguien a quien queremos. Y se hunde en el tema hasta el cuello dejando al descubierto sus miedos y obsesiones. Porque pese a ser cortito, tiene mucho de obsesivo, y su obsesión gira en torno a la negación. Como si estuviera realmente convencida de que todo lo que vive es una pesadilla de la que va a despertar. Como si John fuera a volver. Como si...
Didion escribe el libro durante el primer año de duelo, en ese momento en el que uno no quiere creer que lo que sucede es verdad. En el año en el que el pensamiento mágico toma muchas veces las riendas de la cabeza. Y el lector es incapaz de apartar la mirada y también incapaz de no maravillarse ante esta mujer, tremendamente menuda, que ha sido capaz de dar a luz un libro tan tremendo. O quizás debiera decir parir, aludiendo a aquella frase de "parirás con dolor".

     El año del pensamiento mágico es un libro corto que se clava en el alma del lector que, incapaz de apartar la mirada de sus páginas, va compartiendo el dolor de la autora y reviviendo el dolor propio. Y también es una suerte de bálsamo, como lo viene siendo desde tiempos inmemoriales saber que otros fueron fuertes en situaciones similares. Pero, sobre todo, es un libro honesto lleno de párrafos que identificaremos como propios, una lectura difícil de olvidar.

    Leed a Didion.

     Gracias.

martes, 21 de noviembre de 2017

Los buenos. Hannah Kent


     "Lo primero que pensó Nóra cuando le llevaron el cadáver fue que no podía ser de su marido. Durante un largo instante miró a los hombres que cargaban con Martin en sus sudorosos hombros bajo el frío cortante y pensó que el cuerpo no era más que una imitación despiadada; un remedo, cruel de tan parecido. Martin tenía la boca y los ojos abiertos y la cabeza inclinada sobre el pecho, pero no había vida en él. El herrero y el labrador le habían llevado un animal muerto. No podía ser su marido. No era él en absoluto."

     Leí Ritos funerarios apenas salió al mercado sin tener muy claro lo que me iba a encontrar. Tras ese fantástico debut, no he podido esperar a leer la segunda novela de su autora. Hoy traigo a mi estantería virtual, Los buenos.

     Cuando Nóra enviuda de manera repentina nadie sabe que será el primero de una serie de hechos inexplicables. Además, Nóra queda a cargo de su nieto, un niño con necesidades especiales, y va a necesitar ayuda para criarlo, mejor escondido de los vecinos. Por eso aparece Mary en esta aldea remota plagada de supersticiones. De hecho ya hay un rumor sobre la existencia de un niño "cambiado" al que nadie conoce. Ante eso, la abuela intentará por todos los medios revertir ese cambio acudiendo a quien sea necesario.

     Los buenos, "la buena gente" es el término con el que se conoce a las hadas en el folklore irlandés. Pero claro, se alejan mucho estas hadas de las madrinas de Cenicienta, por ejemplo. Para ellos, hay otro mundo paralelo en el que viven estos "Buenos vecinos" y pueden, además, caminar entre nosotros. Nance, la curandera de la novela de Kent, afirma que son capaces de mirarnos con un conocimiento que puede deshacer a un hombre. Sus hadas no son precisamente bondadosas, sino que son irracionales. Explico esto porque Los buenos, está ambientada en el suroeste irlandés a mediados de los años veinte, en un ambiente rural con acceso a una cultura mínima en el que el folklore, las creencias y las supersticiones dominaban a las gentes. Es más, la novela está basada (como ya sucediera con Ritos funerarios) en un caso real sucedido en la zona.
     Es impresionante como desde las primeras páginas la autora consigue meternos en el ambiente de la novela, y que casi podamos pasear por sus páginas. La historia, dominada por mujeres, arranca con la muerte del marido de Nóra, quien está cuidando a su tullido nieto desde la prematura muerte de su hija mayor. El bebé nacido aparentemente sano, es un niño mudo cargado de problemas que más que llorar aulla. Y no tarda en correrse la voz diciendo que las hadas se llevaron al verdadero nieto de esta mujer, dejando a un niño cambiado en su lugar. Por eso Nóra acude al sacerdote, quien no le ofrece más remedio que la fe, y también a la curandera local, en quien deposita todas sus esperanzas. Como digo, una novela de mujeres, cuyo tercer vértice es la chica que coge Nóra para ayudarla en su cuidado al niño. Y es que, al final, la ignorancia y el miedo a lo desconocido, dominan gran parte de la novela.

     Tengo que decir, que pese a la magnífica habilidad descriptiva de Kent, este libro no ha alcanzado el nivel del primero. Se lee con facilidad y la historia es fácil de seguir, pero me ha dado la sensación de estar ante personajes demasiado simples, casi encorsetados en su papel del que no se les permite salir en ningún momento. Me hubiera gustado, por ejemplo, conocer a Nóra más allá que como víctima de su propia vida, exactamente igual que hubiera agradecido un cura que cayera en un cliché menos manido que el de la severidad. Y es que, estoy convencida de que determinados estereotipos existen porque posiblemente sean habituales en la vida real, pero cuando leo me gusta que las historias posean un poquito más de complejidad, alguna sorpresa. Entiendo que Los buenos es una forma que tiene la autora de reflexionar sobre quienes son merecedores del uso de este término, pero no da las armas suficientes al lector como para que sea una pregunta que le haga reflexionar. El resultado, por tanto, se queda en una novela entretenida que no deja el poso suficiente como para alcanzar lo que yo considero una buena historia. O quizás lo que sucede es que cualquier libro que venga detrás de Ritos funerarios y sea comparado con él, va a tener muy pocas posibilidades de salir bien parado.

     Y vosotros, ¿os gustan los libros basados en acontecimientos reales?

    Gracias.

lunes, 20 de noviembre de 2017

La noche de los niños. Toni Morrison


    "No es culpa mía. A mi no pueden acusarme. Yo no hice nada y no tengo ni idea de cómo pasó. Una hora después de que me la sacaran de entre las piernas ya me había dado cuenta de que había un problema. Un problema grave. Era tan negra que me asustó. Un negro del color de la medianoche"

     Una de las cosas que me gustan de seguirle la pista a un escritor es ver su capacidad de reinventarse, tanto en las formas, como en los temas. Quizás por eso, cuando alguien me gusta, sigo hasta agotar su obra, aunque lo haga con calma. Hoy traigo a mi estantería virtual, La noche de los niños.

     Conocemos a Bride. Ella es negra, es su primer pecado. El color de su piel proviene seguramente de algún antepasado remoto, pero eso a su madre no le vale, y tampoco a su padre que se aleja acusando a su madre de infidelidad. Y así crece entre el rechazo y la falta de cariño, una época en la que usaba su verdadero nombre, Lula Ann. Hoy es una reina de la belleza que siempre viste de blanco, quizás en un intento de borrar la mancha de la culpa por un testimonio dado de niña. Tiene una pareja, Booker, una persona marcada también por su pasado, que decide abandonarla llevando a Bride a viajar en su busca y conociendo así a Rain.

     Hoy voy a comenzar la reseña hablando de Carlos Mayor, quien ha recibido esta semana pasada el XII Premio de Traducción Esther Benítez por su trabajo en este libro, y es que, por mucho que se repita, nunca está de más hablar del magnífico trabajo que realizan los traductores. Si un buen escritor da con un mal traductor, nos quedamos sin libro y aún así sus nombres son apenas conocidos por la mayor parte de los lectores.

     Es curioso como se reflexiona de los libros leídos pasado el tiempo. Recuerdo no haberme dado cuenta durante la lectura, cuánto tenía de terrible cuento de hadas que la protagonista se hiciera llamar "novia" y a su madre le dijera "Sweetness". Quizás ya debí de intuir ahí que Morrison iba a tener mucho de fábula y de magia en algún momento, pese a lo aterrador de la lectura en muchas de sus partes.
Bride es el más claro ejemplo de la metamorfosis fallida. Ha pasado de ser una niña deseosa por ser aceptada, y que parece que empieza a serlo cuando testifica destrozando la vida de otra, de ahí esa culpa que arrastra, a una gran mujer admirada por todos que resalta el color de su piel para que a nadie le pase desapercibida su negrura. Y sin embargo, su interior frágil sigue ahí, como intuimos rápidamente cuando vemos su reacción al abandono. Y se confirma en ese momento de realismo casi mágico en el que Bride se ve volviendo a ser Lula Anne. Una parte de la novela tan cargada de significados, que uno se pregunta cómo es posible llegar a expresarlo tan bien como lo hace Morrison. Bride arrastra cicatrices del pasado, y es un personaje que me ha apenado profundamente, sobre todo por la soledad que parecía destilar. Y pese a todo, el mensaje está ahí, la reconversión,la metamorfosis...
     He convertido, creo y casi sin darme cuenta, esta reseña en un monográfico de uno solo de los personajes, como si fuera la única voz del libro y no es así. La madre, Brooke, Rain, incluso Queen... hay personajes muy importantes en esta historia, todos con sus historias y sus uniones, todos ellos llenos de cicatrices y en una gran parte cicatrices que vienen de su infancia. Morrison no escribe, aunque luego haya pensado en cuentos, historias para niños, si acaso deja ver sus pesadillas. Pero también enseña que hay un mañana y quizás por eso encontramos pequeños momentos de ligereza en la trama.

     La noche de los niños es una novela corta llena de pasajes inolvidables y momentos demoledores. Y Toni Morrison evita los sentimentalismos, consiguiendo así una historia efectiva que se lee del tirón pero permanece durante tiempo en el interior del lector.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Cuidando los libros: Limpieza




     Lo primero siempre es limpiar un libro. A poder ser, en seco, es decir, con una brocha suave. Se usa para quitar el polvo de la cubierta, el canto y, algunas veces, en el interior. Si hay una página que empieza a ver su tono cambiado por el polvo o le ha caído algún residuo sólido, lo mejor es utilizar la brocha del centro a los cuatro vértices de las páginas y, en la zona de la bisagra del libro de arriba hacia abajo. Que sea una brocha de cerdas suaves es importante porque algunas hojas de papel pueden verse dañadas, bien por ser tipo biblia, o por la tinta que utilicen. no se puede limpiar de los bordes al centro porque eso doblaría las hojas. Pero, ¿qué pasa si la hoja tiene manchas más resistentes? En ese caso hay que probar con la goma de borrar, pero no usada directamente sobre el papel, sino ralladas bien con un rallador o contra una superficie dura para luego poder frotar la ralladura con los dedos limpios en círculos en la zona a tratar. En general, recomiendo el uso de guantes de vinilo o similar, ya que las manos, seamos sinceros, siempre tienen algo de suciedad o grasa, y puede ser peor el remedio que la enfermedad. Una vez más frotaremos la hoja del centro hacia los bordes cambiando la ralladura cuando cambie de color hasta que veamos que queda limpia y retirándola, como ya explicamos antes, con la brocha. Por supuesto hay manchas más resistentes, pero esas deben de ser tratadas en el momento. ¿sabéis esa gota de café que cae y corremos a... sí, a extenderla con la mejor intención? Lo mejor es poner encima un pañuelo de papel con cuidado, por un pico, para que la recoja y luego colocar sobre la mancha otro pañuelo y otro más justo entre esa página y la siguiente y presionar. y rezar, tampoco viene mal. O cruzar los dedos, esto ya va en creencias de cada cual.
     En el caso del exterior del libro lo mejore s frotar con una esponja de limpieza en seco, con suavidad, para así retirar los restos de suciedad más difíciles. Las que son satinadas, nos lo ponen más fácil ya que podemos aplicar un limpiador. Ojo, siempre sobre el paño, nunca rociando directamente al libro.
     Si vemos que esto no funciona, venden masillas limpiadoras de libros, o esas gomas que son moldeables y se utilizan en el dibujo artístico. Puede ser buena idea frotar, además sueltan muy pocos residuos.

     Los libros huelen, sí. Eso lo sabemos todos, pero no siempre va a ser ese romántico olor que nos cuentan de tinta y papel. De hecho, en muchas ocasiones, el primer olor que nos llega es a polvo y humedad, que llega ser, seamos sinceros, desagradable. Para estos casos lo mejor es coger el libro y meterlo en una bolsa con zip de cierre, y añadir una cucharada de bicarbonato. Extendido con la mano el polvo, que esto no es una receta. Cerraremos la bolsa y lo dejaremos al menos un par de días, aunque yo suelo dejarlo una semana.

     ¿Y los bichos? Esos circulitos que aparecen a veces en los libros viejos que hemos comprado creyendo tener una joya y que nos desconciertan sin saber muy bien lo que son... son bichitos, sí, aunque no lo veamos. A esos hay que congelarlos, metiendo el libro en una bolsa cerrada y esta bolsa en el congelador. Tras un día de congelación se descongela despacio, en el frigorífico, durante medio día más o menos. Recuerda que todos estos procesos hay que llevarlos a cabo sin ninguna prisa. Lo curioso del proceso de congelación es que descubriréis que rascando con muchísimo cuidado en alguna de las páginas que tenían manchitas imposibles, estas se desprenden fragmentadas de la hoja. No digo que vayan a quedar impolutas, pero la diferencia es más que notable.

     Mucha gente es partidaria de pasar la aspiradora a los libros, mi consejo es no hacerlo demasiado cerca ni de forma muy habitual, ya que puede producir daños en el pegamento.
Hay también quien recomienda utilizar un algodón con alcohol para frotar algunas manchas o restos de pegamento de etiquetas adhesivas. no es mala idea, ya que el alcohol se evapora rápido (si hemos medido bien la cantidad a echar) y no deja cerco, pero es importante tener en cuenta que puede comernos el color de la cubierta del libro o incluso emborronar la tinta de un texto en el caso del interior.

     Espero que os haya servido de ayuda.

     Gracias.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Pequeña flor. Iosi Havilio


     "Esta historia comienza cuando yo era otro."

     Los lectores somos unas personas tan peculiares que podemos decir mil veces que no está bien juzgar un libro por su portada y luego comprar otro justo por ese motivo. Y además, no tener remordimiento alguno por hacerlo. Es más, yo hice esta misma semana con el libro que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de Pequeña flor.
 
     Conocemos a José, un hombre que descubre en las primeras líneas que ha perdido su trabajo. Le toca entonces quedarse en casa, cuidar de su hija Antonia y realizar labores domésticas. Laura, su esposa, será quien trabaje, le va bien, los roles cambian. Sin embargo, José tras un serio percance con un vecino hará un terrible descubrimiento.

     Hoy estamos ante un libro personal e inclasificable, casi experimental en sus formas y también en el fondo del que, en cambio, es difícil no hablar. Iosi Havilio nos regala esta suerte de novela, y digo "suerte" porque a mi me ha parecido más un relato y también porque, jugando con el significado y uso de esa palabra, ha sido una suerte que se cruzara en mi camino. A fin de cuentas, la suerte es importante en la vida de cualquiera.
      Havilio escribe su historia como si la estuviera contando su protagonista de forma atropellada, en un solo párrafo sin puntos y a parte, divisiones en capítulos, ni cualquier otro recurso que se os pueda ocurrir que permita al lector hacer un parón. Sensación que, además, no duda en acrecentar utilizando expresiones como árbol de proporciones, sin decirnos cuales pero sabiendo que al lector no le hace falta ese dato para tener claro el tamaño del árbol. De hecho, el libro está salpicado de esta suerte de incoherencia buscada que aporta a la novela un tono muy especial, pero que no dificulta su lectura como tampoco lo hace que acuda en algunos momentos a los recuerdos sin romper ese enorme párrafo que lo constituye. Y sin que se le haga pesado, lo cual tiene muchísimo más mérito.

     Pensaréis ahora que lo experimental del libro es la parte formal, pero no se trata solo de eso, también tiene mucho de ello una trama que baila entre memorias, casi confesiones, costumbrismo, relato fantástico o incluso negro. Encontraremos música, jazz, y mucha literatura que parece ser un buen refugio particularmente si se trata de Tolstoi, también hay engaños y crisis matrimoniales, y descubrimientos infantiles y grandes sorpresas, al menos, para mi, que llegan a su punto más alto en un final sorprendente que puede resultar incluso cruel según la interpretación que se le de a la novela. A medida que voy explicando me doy cuenta de mis omisiones conscientes, como la muerte de alguien importante en el libro, el vecino, algo que hay que contar porque es vital en esta historia, y de otras no tan conscientes que solo he tocado de pasada como es el matrimonio entre José y su mujer y el desgaste y apatía por el que pasan. Y es que Havilio, toca muchos temas por los que va pasando su historia de una forma más o menos encadenada. Por eso parece casi una confesión y por eso resulta tan complicado interrumpir su lectura, por lo cambiante, la metamorfosis constante que hace que comencemos temiendo estar ante una historia triste de un hombre sin trabajo y finalicemos casi boquiabiertos sin saber cuánto de fantástico tiene lo leído.

     Pequeña flor no es un libro para cualquiera y, por mucho que haya visto a gente decir lo contrario, tampoco es para ser leído del tirón. Es una de esas rarezas que uno disfruta poco a poco para darse cuenta de cada una de sus peculiaridades. Y también es, por si alguien no lo sabe, una bella canción


     Y vosotros, ¿alguna vez habéis comprado un libro por su cubierta?

     Gracias.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Los viajes de Gulliver. Jonathan Swift


     "Empecé a oir en torno a mí un ruido confuso, pero en la posición en que estaba no me era posible ver otra cosa más que el cielo. Al cabo de un instante sentí que algo vivo se movía sobre mi pierna izquierda y que, avanzando suavemente pecho arriba, se llegaba hasta casi mi barbilla. Al volver la vista hacia abajo lo más que puede, advertí que se trataba de una criatura humana, que no llegaba a medio palmo de alto, con un arco y unas flechas en las manos y una aljaba en su espalda....." 

     Otro recuerdo de mi infancia. Anda que no me vi veces versiones de ese gigante con pantalones azules que era Gulliver llegando a Liliput, donde lo ataban de dormido en una playa. Me encantaba la historia. Con el tiempo me decidí y así es como terminé leyendo Los viajes de Gulliver, que no Gulliver en Liliput, como yo lo conocía.

      Así empecé a leer dentro del libro, otro titulado Viajes a varias remotas Naciones del Mundo, y conocía su autor, Lemuel Gulliver, un cirujano amante del mar y las aventuras, que cambió su profesión por la de capitán de barco. Gulliver nos cuenta sus cuatro viajes, donde hay enanos, gigantes, caballos...Sí, caballos que hablan y están moralmente por encima de las personas en un lugar utópico que, incluso, nos señala en el mapa.

     Una vez más me sorprendí, no me pareció una novela juvenil. Luego he leído que hay muchas ediciones adaptadas que, supongo, serán como las películas que veía hace años. Pero el libro, con el texto completo, no es literatura para niños.
      Pese a estructurarse en cuatro partes, más la nota del ficticio editor al principio y la del propio Gulliver quejándose de la calidad de la edición al final, podemos apreciar como a medida que avanzamos, las historias que nos presenta son cada vez más fantásticas, imposibles de creer y con una crítica más feroz y muchísimo menos encubierta. Es un libro escrito por un hombre deseoso de expresar su crítica social, los vicios que condena y la degeneración a la que consideraba se iba acercando la humanidad.
      En cada uno de sus viajes Gulliver se encuentra en un mundo mejor que el suyo, con mejores conceptos, mejores formas de vivir y valores, y se ve obligado a defender su país y sus costumbres exagerando, a la vez que sabe que se encuentra en un lugar mejor. Incluso los animales son representados mejores que las personas en un mundo en el que, de la mentira, no existe ni el concepto. Pero él se empeña en alabar hasta ridiculizar sus costumbres, consiguiendo que nadie lo crea. La sociedad entera es objeto de su pluma afilada, la suya, la que le tocó vivir, pero también lo es la nuestra por extensión.
     No contento con eso, da una vuelta de tuerca Swift criticando también los libros de viajes, que considera siempre mienten, y para ello utiliza un libro de viajes en el que absolutamente todo es mentira. Y lo adorna con amplias descripciones en este libro de fábula escrito por un hombre al que declararon incapaz al final de sus días y que yo, y esto es opinión personal, tras leer su obra, considero totalmente cuerdo.

     Un clásico que os recomiendo descubráis por vosotros mismos si aún no lo habéis hecho, porque, ¿os acercáis alguna vez a este tipo de historias ya conocidas por todos pero pocas veces leídas de verdad?

     Gracias

martes, 14 de noviembre de 2017

Héroes de la frontera. Dave Eggers



     "Existe la felicidad orgullosa, felicidad nacida de realizar un buen trabajo a la luz del día, años de una labor que merece la pena, y después estar cansada, y contenta, y rodeada de familiares y amigos, bañada en satisfacción y lista para un merecido descanso: sueño o muerte, tanto da."

     Cada vez que pienso que un libro tiene pinta de road novel, allá voy. No puedo evitarlo, me atraen. Quizás porque para mi la experiencia de conducir durante viajes largos es una gran opción para ordenar mi mente, y eso hace que piense en novelas introspectivas. No lo sé. Por eso me atrajo este libro y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Héroes de la frontera.

     Conocemos a Josie, una mujer en la cuarentena con dos hijos que ha perdido su consulta odontológica. Ella arrastra un sentimiento de culpa por un paciente al que animó a alistarse y también arrastra una vida de decepciones. Cuando la conocemos huye de Carl, su expareja que jamás se quiso casar con ella, pero ahora quiere hacerlo con otra, embarcándose junto a sus dos hijos en una autocaravana por las Carreteras de Alaska hasta la casa de su hermana Sam.

    Ya en las primeras páginas del libro nos damos cuenta de que la protagonista no va a ser una heroina ni tampoco todo lo contrario. Josie huye y lo hace de forma consciente. Arrastrando a sus hijos, con una bolsa con dinero y sin teléfono, sin importarle si empiezan las clases o si es normal lo que está haciendo. Y lo hace, a poder ser, con una copa o vaso de vino en la mano. Huye de una vida de insatisfacciones y no lo oculta: ¿Tienes la impresión de estar haciendo lo que debes?¿De aprovechar el tiempo como es debido? pregunta en un momento determinado Josie a su hermana , porque ella se lo ha preguntado a lo lago de su vida muchas veces, demasiadas, incluso en los supuestos momentos felices. Y ahora huye de todo por las carreteras de Alaska, ese lugar que ha idealizado y que descubre como una zona ahogada en la neblina de una docena de incendios forestales. También les esquiva en Alaska, como se esquivan los golpes de la vida. Y también habrá errores que la conduzcan a ellos. Y es que Eggers no tiene compasión con su protagonista. no será una madre coraje aunque sí que proteja a sus hijos. Josie ha convertido a su hijo mayor, Paul, en una suerte de ángel de la guarda de Ana, una niña que tras nacer prematura y superar dificultades, parece empeñada en lastimarse o lastimar al mundo con su presencia. Y ella les mira detrás de otra neblina la mayor parte del tiempo; la neblina del vino. Y si embargo no la veremos como una madre terrible, sino honesta, desordenada pero que intenta encontrar algo correcto que hacer con su vida y la de sus hijos. Una mujer perdida en una historia en la que los niños brillan por su realismo, apenas conscientes de lo que viven.

     Supongo que los héroes de la frontera en esta novela son todos y cada uno de los supervivientes que Eggers nos presenta, no solo los habitantes del Chateu rodante, pero lo son sobre todo ellos. Personas que van siendo empujadas por la vida a un estado de infelicidad aceptable y que un día deciden romper con todo sin más equipaje que un puñado de dinero que saben que se va a terminar y la esperanza de llegar a un lugar mejor en sus vidas, más que en la tierra. Y eso que Alaska también importa en el libro, porque no hubiera sido lo mismo contado en cualquier otro lugar. Alaska tiene algo de inhabitable, de zona de paso, de supervivencia en pequeños lugares. Allí todos los hombres son grandes y las mujeres duras, todos luchan y sonríen. Y quizás esa sea la verdadera menta de Josie, y ese sea el camino que nos invita a realizar el autor. Personalmente, he disfrutado de la ruta.

     Héroes de la frontera es una de esas novelas de vida que a ratos puede resultar incómoda o estresante y al capítulo siguiente es capaz de enamorarnos. Una historia en la que no hay buenos y malos, solo existen las personas.

     Y vosotros, ¿hay algún tipo de género por el que os veáis inmediatamente atraídos?

     Gracias.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Solenoide. Mircea Cărtărescu


     "He cogido piojos otra vez. Ni siquiera me sorprende, ya no me asusta, ya no siento asco. Solo me pica."

     He leído hasta el momento todo lo que ha sido publicado de este escritor en nuestro idioma, incluído el único título que ha aparecido en una editorial diferente de Impedimenta, como es la primera parte de la trilogía de Orbitor, que espero ver también publicada al completo. Por eso no tardé nada en dirigirme a la librería y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Solenoide.

     Conocemos al narrador, alter ego hasta cierto punto del propio autor, un maestro de una escuela gris en Bucarest en los años 80. Este hombre se lanza a la literatura con un debut literario en un cenáculo y resulta un estrepitoso fracaso. Desolado, regresa y decide abandonar la literatura, pero adentrarse en la escritura de unos diarios cuyo único lector será él, donde nadie más importe.

     He visto varias opiniones encontradas sobre este libro que parecen empeñarse en coincidir solo en el punto de clasificarlo como complicado. Y no tengo claro del todo que lo sea. Lo que sí sé, es que no es para todos los lectores. Principalmente porque, una vez, comenzado, es necesario y a la vez irremediable, leerlo hasta el final. En caso de interrumpir su lectura, no nos habrá servido de nada lo leído, quizás ni siquiera podamos formar una opinión con una suerte de resumen si alguien nos pregunta de qué trata el libro. Y no es el único libro de Cărtărescu en el que sucede esto. Es, al igual que otros muchos temas recurrentes e incluso algún personaje, algo habitual en su obra. Solo que en este título que abarca más de 800 páginas, se acentúa. De hecho todo parece acentuarse en Solenoide, cada momento, cada duda, cada descripción que nos da el autor, parece desarrollarse de forma única para envolver al lector, como si el propio autor dedicase todas esas páginas a encontrar el tema y el momento adecuados en que digamos, cada uno de nosotros, "esto... esto lo ha escritor para mi".
     Había leído que en Solenoide había una casa que tenía forma de barco y me pregunté si de algún modo se levantaba cual Castillo ambulante, y también leí algo de un sillón de un dentista y unos mandos... y sí, Solenoide tiene todo eso, pero no es lo importante. Es una novela que se desarrolla finalmente en dos fases, la diurna del profesor cuyos mejores momentos serán los tiempos en los que no tenga piojos, y la nocturna, más sensorial e infinitamente más creativa. Solo de este modo escapa de la realidad y realiza un viaje introspectivo casi mesiánico y que, bajo mi punto de vista, está marcado por la tragedia.

     Me voy dando cuenta, a medida que escribo, de la dificultad  para desarrollar de forma coherente este libro. Quizás mejor quedarse con el día, la infancia y ese Bucarest que retrata y me hace pensar en lo que los americanos llaman el viejo continente, con un tono gris y un punto de decadencia casi romántica, con esa suerte de miseria emocional que salvo en contadas excepciones como Las bellas extranjeras, marca la obra de Cărtărescu. Esa parte romántica que me evitará hablar de posmodernismo y etiquetar lo inclasificable: y es que, lo realmente inclasificable es describir la sensación de haber tenido entre manos una gran obra una vez que se ha cerrado. Sentir el vacío y pensar: qué libro puedo coger que siga la senda de este, porque si las comparaciones son odiosas, este nivel va a ser difícil de mantener. Y dilatar esa elección. Porque es justo eso lo que sentí al terminar Solenoide. Aunque estoy segura de que no es la mejor elección para tomar contacto con el autor, posiblemente yo empezaría por Nostalgia, el resto del camino... se hará solo.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Alias Grace. Margaret Atwood


     Este fin de semana me tropecé en Netflix con una serie basada en este título que lleva el mismo nombre. Me puse a verla y no pude evitar buscar la novela original. Hoy traigo a mi estantería virtual, Alias Grace.

    Grace es una chica de dieciséis años huérfana que ha llegado a Canadá para trabajar sirviendo. Ahora está condenada por asesinato. Recibe diariamente la visita del doctor Simon, quien intentará desentrañar lo sucedido y, con un poco de suerte y tal y como esperan un grupo de liberales, ayudar a que sea declarada inocente.

     Comenzaba hablando de la serie que me llamó la atención y me recordó a un libro leído hace un par de años aproximadamente y titulado "Sitos funerarios". Investigando un poco, esta historia era anterior y no me iba a quedar con las ganas de leerla, máxime cuando me había gustado la miniserie tanto. Y tengo que decir, que no se parece tanto y que tiene que ser una labor casi imposible contar todo lo que Atwood dice en un libro. No solo eso, sino que es, además, una escritora camaleónica capaz de sorprendernos con cada lectura, al menos a mi.
     En esta ocasión utiliza dos voces, dos casas, dos situaciones, dos vidas, que no pueden ser más diferentes. El doctor, acomodado, con una madre terrible que se cierne permanentemente sobre él y Grace, una joven sin madre que, lejos de darnos pena, nos intriga por esa aparente incapacidad para mostrar sentimientos o empatía. De hecho, los mejores momentos de la novela son aquellos en los que Grace toma la palabra y observamos como mide cada cosa que va relatando, cada palabra, cada frase, hasta dónde llegar. Ella afirma no recordar nada de los asesinatos y su historia comienza realmente cuando comparte vida con la joven Mary y cómo le marca lo que le sucede. Su vida no es fácil, y termina en otro lugar, otra casa. Nadie esperaría que seis meses después, dos personas de esa casa estarían muertas, dice. Y al lector se le ponen los pelos de punta mientras comienza a plantearse realmente si ella es culpable, si tanta frialdad no esconderá una incapacidad para sentir amor o compasión. Y el doctor sigue escuchando la historia, buscando la manera de desenterrar los recuerdos de aquél día. Y Mary sigue cosiendo. Porquemi8entras habla, no deja de coser una colcha. De hecho cada capítulo comienza con el cuadro que Mary cose en ese momento, y aquí he echado en falta ver esos cuadros y una pequeña explicación, ya que el patchwork se basa en las historias que se cuentan en cada cuadrante. No descuida tampoco mostrarnos el ambiente de época, marcando diferencias entre los sexos, las clases sociales y los prejuicios y las desigualdades incluidas excéntricas aficiones como el espiritismo en algunas personas de clases altas, aburridas.
     Atwood parte de un suceso real para inspirarse en la novela, y quizás por eso opta por darle al lector una visión completa de lo sucedido mostrando noticias, cartas y opiniones de distintas voces. De este modo poco a poco vamos formándonos la nuestra propia, esperando llegar a un final que nos de una gran explicación. Y ahí, y pese a que no soy partidaria de las novelas con finales demasiado abiertos, Atwood opta por cerrar la acción de una forma un tanto precipitada tras una novela de ritmo calmado y constante. Y no lo hace, apostaría, por tener prisa, sino por dejar un cierto aroma de duda en el aire que se mantiene dentro del lector durante un rato. Nos preguntamos, ¿quién es Grace? Y eso, justamente eso, es lo que convierte a esta novela en una magnífica opción.

     Alias Grace es un libro duro sobre una vida dura, con algún momento para el humor y ningún hueco para la compasión. Introspectivo, magnífico.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

     PD. Volvemos el lunes.


sábado, 4 de noviembre de 2017

Rueda de prensa Joyce Carol Oates

Joyce Carol Oates acompañada por Juan Bas y María Fasce

     El mismo día que se entregaba el Premio Nobel de Literatura, algunos teníamos el privilegio de asistir a una rueda de prensa con Joyce Carol Oates con motivo de su premio en el festival Ja! de Bilbao. Un año más se le resistía a esta imponente mujer el premio, que iba a parar a manos de Kazuo Ishiguro, para tranquilidad de todos aquellos que seguían estupefactos al premiado Bob Dylan.
Este año se celebraba la VIII edición del Festival Ja! Bilbao, o Festival Internacional de Literatura y Arte con Humor, y ella era la galardonada. Puede parecer cuanto menos chocante ver unido el humor a las letras de Oates, sin embargo, y como puede apreciar cualquier persona que siga este festival, no se basa en literatura cómica, ni siquiera la denominada feeling good. De hecho, los propios organizadores argumentaban su decisión en "el humor negro y moderno (como el del gato Chesire) que se puede apreciar si uno se para detenidamente a leer casi cualquiera de las obras de esta mujer". Además se daba el caso de que otra homenajeada, en este caso por el centenario, era Gloria Fuertes, y en ambos casos se trataba de mujeres, rebeldes, fuertes.

     Ver entrar a Oates, impresiona. Tanto por su severo atuendo, como por su porte elegante uno tiene la sensación de que pise unos centímetros por encima del simple suelo mortal. Y quizás por eso el silencio es sepulcral en la sala mientras Juan Bas se encarga de las presentaciones, tanto de esta mujer, como del festival. Toma la palabra después María Fasce para comentar un poco la obra de Oates, conocida por todos en calidad y extensión y acabar centrándose en su última novela "Un libro de mártires americanos", una novela que se abre con un asesinato y que trata de la vida y la muerte, del aborto, las creencias, la pena capital, las familias y los estigmas. Un novelón, si me permitís la opinión.

     Apenas comienza el turno de preguntas aparece la palabra mágica, "Nobel" y ella no duda un instante en afirmar "Que me nominen ya es un honor. Lo cierto es que no pienso demasiado en los premios." Centrándonos ya en el que iba a recibir en unas horas se mostró encantada, y confesó que se sintió "Sorprendida al enterarme. Además que apareciera Alicia en el país de las maravillas fue toda una alegría ya que es de mis libros favoritos. Cuando lo leí supe que quería ser como Lewis Carroll" añadió con una sonrisa y señalando con la cabeza el cartel del festival y añadiendo "Ha llegado en un momento muy oportuno ya que ahora, con Trump como presidente, parece que Estados Unidos se ha instalado en el absurdo." En cuanto a su novela, afirmó que "no se basa en hechos reales, sin embargo algunos pueden encontrar su punto de partida en el asesinato hace algunos años de un médico abortista llamado David Gunn por parte de Griffin, que fue encontrado culpable de asesinato." Para Oates, "lo que no es tragedia, pertenece a la comedia y mi última novela se nutre de ambas" señalando así ese humor sutil que se acerca casi a la sátira. Destacó además la capacidad para "tomarse a broma el horror" siguiendo la estela de Kafka como una opción para sobrevivir.

     El asesino de su libro es un fanático y es que la misma autora reconoce que "el fanatismo en sí mismo es interesante para un escritor. Él oye voces y para él es Dios y su voluntad lo que recibe." Y mata por evitar el aborto y salvar la vida del feto y también de su madre, que estaría perdida en caso de abortar. Cuando se le pregunta a Oates su postura, dice que tal y como ella lo ve, "el aborto no es un problema hasta que lo convirtieron en ello manipulando los sentimientos de la gente." Llegado este punto entra el espinoso tema de la religión. Oates no es una mujer que se ande con rodeos y afirma que "las religiones pueden ser estructuras de poder que manipulan a algunos creyentes. Los líderes sacan provecho del fanatismo" y pone como ejemplo al islamismo, en el que no se suicidan los líderes, sino que utilizan a jóvenes. En Un libro de mártires americanos aparece el Ejército de Dios que, como bien puntualiza Oates, "existe todavía". El otro lado de su novela es la víctima, Gus, que "no eligió morir pero que también tiene algo de revolucionario, de esos que abandonan a sus familias por la causa. Eligen entre la causa y su vida, así es Gus. Tenía que ser así para que hubiera historia".
     A una mujer tan prolífica como ella era inevitable preguntarle si estaba escribiendo y la respuesta fue, como no podía ser de otro modo, afirmativa, añadiendo que "será una novela corta sobre un mundo distópico". Con esta repuesta el nombre de Trump no tardó en salir, y en si la novela trataría sobre él o lo borraría del mapa. "Trump no sirve como personaje en una novela realista porque es tan ridículo, que la gente diría que no puede ser así. Además ya se ha escrito una novela sobre este tipo de personajes como es El otoño del patriarca, no se puede hacer más ni mejor." no dudó tampoco en poner de manifiesto su preocupación por la situación actual de su país: "Hay dos Américas, y son muy diferentes la una de la otra. En este momento ha ganado la extrema derecha, pero creo que es temporal y espero que no cause daños irreparables. En mi novela, que escribí antes de Trump, el pulso es entre las fuerzas del pasado y las del laicismo". Y eso que Oates, profesora de Princeton, no quiso terminar la rueda de prensa sin dejar clara su fe "en las nuevas generaciones "los jóvenes no fueron los que eligieron a Trump. La mayor parte de los votos,  provienen de gente de interior, de franja, con una mente más cerrada y nacionalista" una visión que no dudó en calificar como "ciega".

     Tengo que agradecer a la editorial la oportunidad de acudir a la rueda de prensa y también, como no, a todos los que os pasáis por aquí. Comentéis o no.

jueves, 2 de noviembre de 2017

El coloso de Nueva York. Colson Whitehead


     "Yo estoy aquí porque nací aquí y en consecuencia no sirvo para ningún otro sitio, pero tú no sé. Quizá también seas de aquí y antes o después descubriremos que vivíamos a una manzana de distancia y ni siquiera lo sabíamos. O quizá te mudaste hace un par de años por cuestiones de trabajo. Quizá estudiabas aquí. Quizá viste el panfleto. La ciudad ha dedicado una cantidad considerable de tiempo y de dinero en prepararlo, con todo el conjunto de películas, programas televisivos y canciones... la idea esa de que «Aquí puedes conseguirlo». La ciudad también ha dedicado muchos esfuerzos para que tu población natal parezca de lo más sosa y pequeña, solo por si acaso alguna vez te preguntaras por qué a veces resulta una lata regresar a ella."

     Tras leer El ferrocarril subterráneo y Zona Uno, tengo bastante claro que Whitehead me gusta. Tanto es así que apenas he tardado en sumergirme en las páginas del último de sus libros que nos llega. Hoy traigo a mi estantería virtual, El coloso de Nueva York.

     Conocemos Nueva York. En este libro dividido en trece partes que se presentan como trece instantáneas al comienzo de cada capítulo y que se desarrollan en las distintas partes de esta gran ciudad, iremos tomando el pulso de la famosa urbe.

     Escribir sobre Nueva York es complicado. Poco queda que decir sobre esta gran ciudad que no haya sido ya escrito, filmado o cantado. Y sin embargo siguen saliendo libros ambientados en ella o que, como el que hoy traigo al blog, se basan únicamente en las calles de esta gran ciudad. Colson Whitehead decide en este libro contar la parte por el todo y a través de capítulos que hablan de la llegada, Central Park, el JFK, el metro, la lluvia y varios lugares emblemáticos, hace unas pequeñas radiografías narradas por una suerte de dios obsvervador que bien podría ser la conciencia de la propia ciudad protagonista. Para ellos la reflexión en primera persona se torna en un diálogo en segunda para avisar al lector de los sentimientos que le despertará la ciudad, llegando a la tercera persona que hablará de helados, viajes y maletas relatando las pequeñas vidas que, terminamos pensando, dan vida a Nueva York, enorme y magnífica, protagonista absoluta y viva de este libro. Su narrador habla o escucha a ciudadanos y turistas, a veces simplemente mira, y, lejos de perdernos, nos sentimos como si alguien particularmente entusiasmado nos estuviera describiendo sensaciones de viva voz.
     Ya en el comienzo, ese que abre esta entrada en el que Whitehead se dirige al lector y le advierte casi de cómo es la ciudad desde los ojos de un nativo que la ve cambiar, notamos la vehemencia que será una constante a lo largo de todos los capítulos. Además, al finalizar con una despedida, no conseguimos despegarnos la sensación de estar ante un viaje turístico a las entrañas de la ciudad. Me ha recordado en algunos momentos a aquel libro que escribiera en el verano de 1948 E. B. White, por lo demás conocido por dar vida a un ratón llamado Stuart Little, aunque quizás en el suyo White destilara más fascinación y ruidos y menos nostalgia y solemnidad de la que se percibe en el título de Whitehead (y ahora que escribo esto me doy cuenta de la similitud de sus apellidos). Y así, si Whitehead comienza afirmando soy de aquí y no puedo ser de otro sitio, White decía Nueva York debe de ejercer un atractivo irresistible sobre la imaginación de cualquier soñador perturbado que desee desatar la tormenta. Y con esta frase regreso a la reflexión con la que comenzaba esta reseña y me pregunto qué tiene la ciudad de Nueva York para fascinar y seguir fascinando a tantas personas cada día. Tal vez, solo tal vez, leyendo el libro de Colson Whitehead, uno llega a comprender lo que se siente al pisar sus calles y comprende, al fin, que el coloso al que se refiere el título es la propia ciudad, capaz de sobresalir por encima del mapa haciendo sobra al resto de urbes.

     Me gusta Colson Whitehead y me gusta viajar en mis lecturas. En El coloso de Nueva York nos tropezamos con un magnífico personaje construido a través de instantáneas y sentimientos anónimos que son, al final, la sangre que circula por las venas de esta ciudad viva.

     Y si Whitehead ha sido de mis últimos escritores descubiertos, ¿me podéis decir alguno de los vuestros? No es por ser cotilla, es por... apuntar sus nombres y acercarme a sus letras.

     Gracias..

martes, 31 de octubre de 2017

La canción de la llanura. Kent Haruf


     "Mamá, por favor.
      Eres una zorra.
      No soy una zorra, mamá. No me llames así.
      ¿Y cómo quieres que te llame? Ya te había avisado. Y ahora, mírate. Mírate bien. ¿Te había avisado o no?
      Me has avisado de muchas cosas, mamá.
      No te hagas la lista conmigo.
      Los ojos de la chica se llenaron de lágrimas.
      Por favor, mamá. Necesito que me ayudes.
      ¿No crees que es un poco tarde para eso? Tú te has metido en esto sola, jovencita. Ahora tendrás que apañártelas por ti misma. Tu padre también me pedía ayuda cuando llegaba a casa por la mañana sintiendo lástima de sí mismo. Eres igual que tu padre.
      Por favor, mamá. Por mí, tú también puedes largarte. Igual que se largó él. Te crees muy lista, ¿verdad? ¿Pues sabes lo que te digo? Ya puedes ir buscándote otro sitio donde vivir.
      No lo dices en serio. ¿Verdad que no, mamá?
      Claro que lo digo en serio. ¿O es que te crees que no soy capaz de ponerte en la calle?"

      Nosotros en la noche fue una de mis mejores lecturas del pasado año, y tenía muchas ganas de encontrarme de nuevo con las letras de Kent Haruf. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La canción de la llanura.

     Estamos en Holt, en las llanuras de colorado a unas cuantas millas de Denver. No es el colorado de grandiosos paisajes, sino más bien una zona monótona en la que la llanura se extiende hasta donde llega la vista. Allí vive Tom Guthrie, un profesor de secundaria con una esposa depresiva que tiene que criar a sus hijos Ike y Bobby sin ayuda. Ike y Bobby van a la escuela, y reparten periódicos. E intentan buscar la orma de comprender lo que sucede en sus vidas mientras buscan el calor de una madre. Conocemos también a Victoria, una niña de dieciséis años que ve como su vida cambia radicalmente al quedarse embarazada y descubrir que su madre la echa de casa al recibir la noticia. También están los hermanos McPherson y su rancho y la señorita Maggie Jones, profesora del instituto que vive con su padre enfermo de Alzheimer.

     La canción de la llanura es la primera parte de la llamada Trilogía de la llanura aunque, una vez leído, bien puede tomarse como un libro autoconclusivo. En esta novela reconocemos el estilo aparentemente sencillo de Haruf a la hora de explicarse, incluso a sus personajes también parecen personas sencillas con vidas simples. Sin embargo, a medida que nos adentramos en la historia, nos daremos cuenta de como todos ellos se ven enfrentados a decisiones complicadas que afectaran al resto de sus vidas. Y es que, en un pueblo pequeño, con vidas pequeñas, lo lógico es que todas ellas terminen por cruzarse y entrelazar sus historias en algún momento. Así que, pese a que Haruf diferencia en el título a los personajes que desarrolla en cada capítulo, pronto somos conscientes de que será irremediable asistir a encuentros entre ellos. Podría ahora lanzarme a desarrollar cada uno de los citados personajes y hablar de cómo se siente ese profesor y si tiene o no algún alumno que le marque, o cómo superan esos niños tener una madre ausente. También podría decir la ternura que han llegado a despertarme los McPherson, incluso más que la chica embarazada, pero todo eso son sensaciones que uno va descubriendo a medida que pasa las páginas de la novela.

     Esta vez, y pese a situarnos en llanuras, estoy segura de que a nadie se le ocurrirá comparar a Haruf con escritores como McCarthy y es que su estilo y su fondo, poco o nada tienen que ver. Haruf no busca representar lucha en zonas áridas y hostiles, ni siquiera grandes peleas. Lo que hace en cambio es mostrar la vida y sentimientos de las personas que pueblan esas zonas. Y lo hace normalmente a través de tareas sencillas, como cobrar un periódico y comprobar si una vaca está preñada. Supongo que ahora os estaréis preguntando qué tiene de especial eso de la vaca preñada, y ahí radica la magia de las letras de Haruf: su capacidad para convertir ese tipo de tareas cotidianas, en estampas provistas de una honesta dignidad que representan la vida y carácter de una zona completa.
     Es posible que visto el argumento, muchos acudan a esta novela buscando grandes dramas. Sin embargo, el autor evita conscientemente escribir una novela dramática. Lo que hace es simplificar para que comprendamos que hay vidas sencillas que transcurren lentas mientras sus propietarios van abriendo sus corazones. Y es curioso como, con una única voz para tantas vidas, el lector cierra el libro con una sensación de satisfecha felicidad convencido de que, si Holt existiera en algún lugar perdido de las llanuras de colorado, la vida sería justo así.

     La canción de la llanura es un libro en apariencia sencillo que cuenta historias sencillas también en apariencia. La canción de la llanura es un libro magnífico que va calando lentamente en el lector sin que este se de cuenta. La canción de la llanura es una gran novela. Y Kent Haruf es, porque un escritor sigue vivo en su obra, un gran escritor.

     Y vosotros, ¿cuál fue vuestro mejor libro del pasado año?

     Gracias.

lunes, 30 de octubre de 2017

Eva. Arturo Pérez Reverte


     "No quiero que me maten esta noche, pensó Lorenzo Falcó.
     No de esta manera.
     Sin embargo, estaba a punto de ocurrir. Los pasos a su espalda resonaban cada vez más cercanos y rápidos. Sin duda tenían prisa por alcanzarlo. Había escuchado el grito del enlace al caer en la oscuridad, a su espalda, desde el mirador de Santa Luzia, y el golpe del cuerpo al estrellarse contra el suelo quince o veinte metros más abajo, en una callejuela oscura del barrio de Alfama. Y ahora ibana por él en busca del trabajo completo. De rematar la faena."

     Hay escritores cuyos libros son noticia en los medios, y es difícil resistirse a ellos, nos guste o no reconocerlo. Reverte es, además, un personaje mediático en sí mismo, a ratos polémico, que despierta filias y fobias a veces encontradas con la opinión de sus libros produciéndose el curioso efecto de contar con lectores a los que no gusta el tuitero o justo lo contrario. Hoy traigo a mi estantería virtual la segunda entrega de la serie protagonizada por Falcó. Se trata de Eva.

     Recuperamos a Falcó en plena reyerta, y viajamos con él a Tánger para su último encargo. Estamos en 1937 y allí se encuentra en puerto una parte del oro de Moscú. La misión de Falcó pasa por lograr que el capitan del barco cambie de mando, pero no cuenta con reencontrarse con Eva.

     Cuando hace ahora un año aproximadamente cayó en mis manos Falcó, me encontré con una novela entretenida, cargada de clichés y un personaje que pretendía ser más Joaquín Sabina en sus canciones, que James Bond en sus películas. Es cierto que jugaba en un filo difícil, el de no caer simpático pero conseguir un mínimo de socarrona complicidad del lector, y salía, a mi modo de ver, más o menos airoso de la situación.
     En esta ocasión y rescatando un personaje de la primera entrega, Reverte titula a la novela Eva, dando a entender un protagonismo femenino a lo largo de la trama. Y como, sinceramente, las novelas de espías no abundan, nos lanzamos a ella de cabeza apenas llegó a las librerías.
     Eva es, en contra de lo que puede parecer por el título, un libro lleno de gracietas masculinas. Pero de esas de barra de bar y copa de coñac sin marca, en la que Reverte desarrolla a su protagonista como un engreído machito engominado que repelería a cualquier mujer con un mínimo de criterio. Y, sin embargo, en su novela, ambientada en ese mundo en el que todo son hembras de bandera que arañan y pegan porque eso es la pasión, además de follar (sí, follar), todas parecen querer ir detrás de este hombre que mide todo en base al beneficio que le reporta. Decía el autor en una entrevista hace tiempo, que era difícil conseguir empatía por un personaje que trabaja para Franco, y sinceramente, y políticas a un lado, creo que ese es el menor de sus problemas. Falcó, nos desarrolla el autor, es un jerezano que no se ata a nadie, salvo tal vez a estar entre las piernas de la siguiente mujer que le pase por delante y a la que dejará marcada, ya sea criada de hotel, aristócrata casada o espía rusa. Y lo hará seguramente sin quitar esa mueca de desdén con su media sonrisa indiferente que, seguramente, piensa el autor que es lo que le hace irresistible... y es que su protagonista, más que de otra época, parece apolillado pasando en muchas escenas de la chulería impostada que busca su autor, a la vulgaridad. No ayuda tampoco el narrador mimetizado que carga todo de marcas, hembras, y adjetivos exagerados consiguiendo que el lector piense más en novela por entregas de quiosco de antaño, que en esas primeras novelas de espías convertidas hoy en clásicos.

     De la trama destaco a los capitanes de barcos, herederos únicos del buen hacer de Reverte a la hora de crear personajes y que consiguen, en momentos fugaces, que recordemos que leímos a aquel que nos hizo disfrutar con Alatriste y su personal sentido del honor y sus valores (aún estoy esperando descubrir los de Falcó). Y si las pasiones de los bajos del protagonista llegan a resultar aburridas, ya que parecen batallitas de bar, no lo es menos la relación que llega a mantener con Eva, en la que si del amor al odio hay un paso, parecen estos ser capaces de bailar un tango. Y siempre, con ese toque de pretendido canalla también ella, que termina cansando al lector harto de ver una representación con personajes de cartón piedra.

     Al final, y como algo positivo tiene que tener viniendo de un escritor con el oficio de Reverte, la novela se lee en un suspiro y resulta entretenida siempre que uno no se pare a pensar en el contenido, y se deje llevar por las aventuras de este personaje al que, a buen seguro, hubieran apodado "el Canalla" para gusto del propio Lorenzo Falcó.

     La pregunta del millón es, ¿seguiré leyendo esta saga? Pues sí, porque buenos o malos, me agraden o no me agraden, lo que busco en los libros es que no me dejen indiferente y aquí, he hablado de mi percepción de su protagonista más allá de la historia que, como producto, funciona. Y es que, como oí una vez hace tiempo a un escritor que admiro: "hay libros y hay productos con formato de libro".

     Y vosotros, ¿recordáis a protagonistas que os resultaran desagradables?

     Gracias.